Vecino de la ciudad histórica harto de pamplinas

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80 razones para no creer en los que gobiernan o puedan gobernar esta ciudad

“Llevo residiendo en la ciudad histórica desde el 2013 y ya casi no me quedan fuerzas ni argumentos que me permitan pensar albergar la esperanza de que algún día las negativas que sufro como vecino puedan convertirse en auténticos retos para quienes nos gobiernan.

Cuando vine a vivir a esta zona un vecino me advirtió que iba a tener que pagar a Telefónica/Vodafone un servicio de Internet de 10 megas que no me iban a proporcionar (no supera los 2,7) y no iba a poder desarrollar una actividad empresarial y estilo de vida al uso, ¿Cuántas veces los escuchamos hablar de este tema y qué hicieron?

Ante el primer problema de hilo de agua durante una ducha, los trabajadores de Viaqua me aclararon que las instalaciones en la zona histórica son vetustas y malas por lo que no podían dar más presión. Trate usted de ducharse en horas de bajo consumo en la zona, me dijeron.

Cuando quise poner un ascensor en el edificio también me advirtieron que me iba a costar el triple, tanto económicamente como en tiempo administrativo. Dificultades de acceso para carga y descarga, ocupación de la vía pública, así como los trámites urbanísticos y de permisos de patrimonio (incluyendo excavación arqueológica), no hicieron más que confirmar dicho presagio.

Cuando al poco de entrar en el gobierno municipal Compostela Aberta paré por la calle al concejal Xan Duro para felicitarlo por haber manifestado públicamente que iba a obligar al comercio y la hostelería a cumplir la norma sobre el uso de las fachadas y la vía pública, para que los establecimientos cuidasen la rotulación, no colocasen tenderetes delante de sus negocios, no acumulasen sillas y mesas en la vía pública cuando no se utilizan, que perseguiría las iluminaciones singulares al antojo, que destrozan la estética y maravillosa iluminación de farolas de la zona vieja, etcétera. ¿Saben que me respondió? Que comprendía mi alegría, pero que me adelantaba que no iba a poder exigir su cumplimiento porque no disponía de efectivos de la Policía Local para velar por su cumplimiento.

¿Sabían ustedes que cuando en el medio de la calle, fuera de los soportales, se produce una rotura de una tubería de agua el Concello interpreta que en la zona histórica, para estos menesteres, la propiedad alcanza hasta el centro de la calle, no hasta el registro de agua a pie de puerta?

No pude asistir a la reunión de esta semana en la praza de Abastos entre los vecinos del casco histórico y el gobierno municipal, pero puedo asegurarles que podría mencionarles hasta 80 situaciones increíbles y fascinantes que nuestros gobernantes podrían convertir en retos para lo que les queda de legislatura.

Por favor, déjense de pamplinas, aparquen los complejos debates ideológicos, el estudio de la influencia de la oligarquía financiera e incluso el devenir del materialismo histórico. No se pierdan en discursos y promesas, elaboren una lista de situaciones a corregir, prioricen y trabajen sobre ellas.

Con mis mejores deseos para que, en la próxima reunión con los vecinos del casco histórico, al menos puedan darnos la buena nueva de haber conseguido dos retos.

Uno de carácter funcional: resolver el gravísimo problema de Internet.

Y otro estilista y de buen gusto: que los autónomos y vecinos no hagan un uso indebido y hortera de la señalización en sus fachadas y vía pública, que tanto afean a nuestra maravillosa ciudad”.

Jesús Varela (Un vecino de la rúa Nova de Santiago de Compostela)

Fuente: La Voz de Galicia Ed. Santiago 03/07/2017 

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OBLIGACIONES DE LOS FUNCIONARIOS MUNICIPALES

En relación a la impunidad de hosteleros y comerciantes al incumplir flagrantemente las ordenanzas municipales en las calles de la ciudad histórica, es importante recordar a los funcionarios públicos competentes (Policía Local y personal administrativo del Departamento de Disciplina Urbanística) que es su obligación hacer cumplir las normas, y que no tienen que esperar indicación expresa para ello de los cargos electos, es decir de los políticos.

Si existiera voluntad sería suficiente que un solo Policía Local con los ojos bien abiertos patrullara durante dos horas un día a la semana la rúa do Franco, Raíña, rúa Nova, Rúa do Vilar, apuntando en una libreta y coordinándose con el Departamento de Disciplina Urbanística para la tramitación de los expedientes administrativos de las infracciones. Por eso nos preguntamos:

¿Acaso la policía local tiene indicaciones de mirar para otro lado y no “molestar o importunar” al gremio comercial y hostelero?

¿Porqué NO dudan los agentes antes de multar los coches mal estacionados por ejemplo pero en cambio SI entran en bucle antes de exigir el cumplimiento de otras ordenanzas municipales?

El concelleiro Xan Duro es funcionario, por ello conoce de sobra las obligaciones de los empleados públicos y la normativa aplicable. Pero en nuestro Concello siempre están pasándose la pelota unos a otros, descoordinados y omitiendo la labor de vigilancia, control y sanción que tienen encomendada. Estamos hartos de presentar instancias en registro sobre los excesos en la rotulación indebida en las fachadas sin obtener respuesta por parte del Concello.

REBANDOS

En 27/11/2015 el Concello emitió un bando sobre estos incumplimientos: BANDO_27-11-2015

Ante las críticas recibidas de los ciudadanos indignados por ver nuestra ciudad convertida en un adefesio, en un zoco o supermercado con el género expuesto en el exterior de los locales, con reclamos llamativos y carteles publicitarios de todo tipo colgados en las fachadas o invadiendo el espacio público, el alcalde ha inaugurado el mes de julio republicando el bando nuevamente: BANDO 01-07-2017

Veremos si se consigue reconducir la situación después de tantos años de pasividad por parte de la administración local.

MUESTRAS DE OPACIDAD 

Y en una nueva demostración de opacidad, el alcalde ha eliminado de la consulta abierta en la página web del Concello los dos planos de la Zonas Declaradas Saturadas y el listado de sillas y mesas autorizadas en el espacio público que hasta ahora era accesibles para los ciudadanos. ¿Acaso no fomenta esto la picaresca y la invasión de terrazas? ¿Donde queda la tan cacareada transparencia? ¿Vamos en este Concello hacia atrás o hacia adelante?

Aqui mostramos el pantallazo de la web del Concello en 18/05/2015, justo antes de que llegara Compostela Aberta y eliminase toda la información. DUS Zonas Saturadas 18_05_2015

ORZAMENTOS ParticiPASIVOS

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En los Orzamentos Participativos de 2016 a propuesta de nuestra Asociación se consiguió apoyo para aprobar la compra de sonómetros y sonógrafos. Agradecemos la solidaridad de todos los ciudadanos que lo hicieron posible.

Sin embargo, vemos que la empresa Cidadanía ya ha puesto en marcha los nuevos Orzamentos de 2018 y no tenemos ninguna noticia sobre la compra de esos aparatos de medición acústica comprometidos. resultados_op_investimentos_1617

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¿Para que sirve que una propuesta sea aprobada si no se lleva a cabo?.

Una tomadura de pelo completa.

FUNCIONES DE LOS FUNCIONARIOS

Refrescaremos la memoria de los funcionarios municipales recogiendo las obligaciones detalladas en el Estatuto Básico del Empleado Público BOE núm. 261, de 31/10/2015

Artículo 52. Deberes de los empleados públicos. Código de Conducta.

Los empleados públicos deberán desempeñar con diligencia las tareas que tengan asignadas y velar por los intereses generales con sujeción y observancia de la Constitución y del resto del ordenamiento jurídico, y deberán actuar con arreglo a los siguientes principios: objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental, y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres, que inspiran el Código de Conducta de los empleados públicos configurado por los principios éticos y de conducta regulados en los artículos siguientes.

Los principios y reglas establecidos en este capítulo informarán la interpretación y aplicación del régimen disciplinario de los empleados públicos.

Artículo 53. Principios éticos.

1. Los empleados públicos respetarán la Constitución y el resto de normas que integran el ordenamiento jurídico.

2. Su actuación perseguirá la satisfacción de los intereses generales de los ciudadanos y se fundamentará en consideraciones objetivas orientadas hacia la imparcialidad y el interés común, al margen de cualquier otro factor que exprese posiciones personales, familiares, corporativas, clientelares o cualesquiera otras que puedan colisionar con este principio.

3. Ajustarán su actuación a los principios de lealtad y buena fe con la Administración en la que presten sus servicios, y con sus superiores, compañeros, subordinados y con los ciudadanos.

4. Su conducta se basará en el respeto de los derechos fundamentales y libertades públicas, evitando toda actuación que pueda producir discriminación alguna por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género, sexo, orientación sexual, religión o convicciones, opinión, discapacidad, edad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

5. Se abstendrán en aquellos asuntos en los que tengan un interés personal, así como de toda actividad privada o interés que pueda suponer un riesgo de plantear conflictos de intereses con su puesto público.

6. No contraerán obligaciones económicas ni intervendrán en operaciones financieras, obligaciones patrimoniales o negocios jurídicos con personas o entidades cuando pueda suponer un conflicto de intereses con las obligaciones de su puesto público.

7. No aceptarán ningún trato de favor o situación que implique privilegio o ventaja injustificada, por parte de personas físicas o entidades privadas.

8. Actuarán de acuerdo con los principios de eficacia, economía y eficiencia, y vigilarán la consecución del interés general y el cumplimiento de los objetivos de la organización.

9. No influirán en la agilización o resolución de trámite o procedimiento administrativo sin justa causa y, en ningún caso, cuando ello comporte un privilegio en beneficio de los titulares de los cargos públicos o su entorno familiar y social inmediato o cuando suponga un menoscabo de los intereses de terceros.

10. Cumplirán con diligencia las tareas que les correspondan o se les encomienden y, en su caso, resolverán dentro de plazo los procedimientos o expedientes de su competencia.

11. Ejercerán sus atribuciones según el principio de dedicación al servicio público absteniéndose no solo de conductas contrarias al mismo, sino también de cualesquiera otras que comprometan la neutralidad en el ejercicio de los servicios públicos.

12. Guardarán secreto de las materias clasificadas u otras cuya difusión esté prohibida legalmente, y mantendrán la debida discreción sobre aquellos asuntos que conozcan por razón de su cargo, sin que puedan hacer uso de la información obtenida para beneficio propio o de terceros, o en perjuicio del interés público.

Artículo 54. Principios de conducta.

1. Tratarán con atención y respeto a los ciudadanos, a sus superiores y a los restantes empleados públicos.

2. El desempeño de las tareas correspondientes a su puesto de trabajo se realizará de forma diligente y cumpliendo la jornada y el horario establecidos.

3. Obedecerán las instrucciones y órdenes profesionales de los superiores, salvo que constituyan una infracción manifiesta del ordenamiento jurídico, en cuyo caso las pondrán inmediatamente en conocimiento de los órganos de inspección procedentes.

4. Informarán a los ciudadanos sobre aquellas materias o asuntos que tengan derecho a conocer, y facilitarán el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.

5. Administrarán los recursos y bienes públicos con austeridad, y no utilizarán los mismos en provecho propio o de personas allegadas. Tendrán, asimismo, el deber de velar por su conservación.

6. Se rechazará cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía, sin perjuicio de lo establecido en el Código Penal.

7. Garantizarán la constancia y permanencia de los documentos para su transmisión y entrega a sus posteriores responsables.

8. Mantendrán actualizada su formación y cualificación.

9. Observarán las normas sobre seguridad y salud laboral.

10. Pondrán en conocimiento de sus superiores o de los órganos competentes las propuestas que consideren adecuadas para mejorar el desarrollo de las funciones de la unidad en la que estén destinados. A estos efectos se podrá prever la creación de la instancia adecuada competente para centralizar la recepción de las propuestas de los empleados públicos o administrados que sirvan para mejorar la eficacia en el servicio.

11. Garantizarán la atención al ciudadano en la lengua que lo solicite siempre que sea oficial en el territorio.

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Regulamento do Corpo da Polícia Local de Santiago de Compostela. Aprobado por acordo do Pleno da Corporación de 21/03/2013. BOP da Coruña do 18/04/2013).

Ver especialmente las funciones en los artículos 7 y 8.

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En 2041 habrá más estudiosos de Santiago que compostelanos

La ciudad histórica compostelana tiene ante sí la oportunidad de ser la primera ciudad del mundo en la que el número de estudiosos del fenómeno urbano supere al de los propios habitantes.
 
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Esta es al menos una de las conclusiones presentadas por otro experto de la ciudad de Santiago cuyo tema de investigación es precisamente los expertos sobre la ciudad de Santiago.
 
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La afirmación forma parte de una tesis doctoral en la que se ha monitorizado la evolución en el número de habitantes de la almendra así como los estudios universitarios sobre dicho barrio de la ciudad compostelana.
 
El trabajo desarrollado por el investigador ha hecho posible identificar la suave pero continuada decadencia demográfica de la población local frente al fuerte crecimiento de los estudios monográficos dedicados a la ciudad histórica.
 
Cuanta menos gente vive en el barrio más interesante nos parece el tema“, afirmó el estudioso desde su piso en Sigüeiro.
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Bibliografía para la reflexión y el debate: Artículo publicado en diario El Pais el 18 de noviembre de 2013

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Barcelona: de modelo a marca

Una ciudad no es un mero contenedor de vecinos. Reducirla a una marca supone gobernarla como si fuera una empresa privada y renunciar a la gestión como instrumento para mejorar la vida de sus habitantes.

Autor: Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Autor del libro Filósofo de guardia (RBA).

Aunque a alguien un poco despistado le pueda parecer, desde fuera, un tanto raro que un filósofo se preocupe por la cuestión de la ciudad, es, a poco que se piense, la cosa más natural de este mundo. De hecho, el celebrado pensador alemán Peter Sloterdijk tiene escrito en su libro Esferas II lo siguiente: “Es un hecho completamente decisivo y nunca apreciado en toda su importancia el que todas las grandes culturas sean culturas de ciudad. El ser humano superior de la segunda era y es un animal constructor de ciudades”.

Son afirmaciones ciertamente rotundas, casi solemnes, que nos invitan a reflexionar con un poco de detenimiento en este asunto. Si Sloterdijk le concede tanta importancia a la ciudad es porque es capaz de verla en toda su importancia, en toda su trascendencia. Una ciudad no es un poblado, ni un asentamiento, ni un campamento a la orilla de un río o cerca del mar. Y si a alguien este lenguaje le sonara un tanto primitivo o arcaico, podríamos plantear lo mismo de forma algo más elaborada: una ciudad no es un mero espacio común, creado para compartir servicios y recursos. En definitiva, una ciudad no es —porque dejaría de ser ciudad— un mero contenedor de vecinos.

Las ciudades son el lugar en el que se expresa, en el que se materializa, la voluntad de los individuos de vivir juntos. El lugar donde se hace real eso que solemos llamar sociedad (hasta el punto de que bien podría decirse que la ciudad es la sociedad que tenemos más a mano) y que, sin la visibilización que proporciona lo urbano, alguien podría considerar que no deja de ser una mera abstracción. La ciudad es, pues, un espacio de convivencia de muchas personas, con todo lo que ello comporta.

¿Y que comporta, por cierto? Tal vez una de las cosas más importantes sea que, por formularlo con un lenguaje coloquial, en la ciudad no cabe ir por libre. Porque ella constituye el espacio de la interacción, de la interactuación de muchos, y para que ello no sea ocasión de permanentes conflictos y tensiones, esto es, para que el tejido ciudadano no se desgarre y la ciudad no se desangre, hace falta mantener un delicado equilibrio entre los intereses de todos.

Así, cuando, pongamos por caso, un poder municipal decide arrasar lo que era una plaza, utilizada por los ancianos y los niños de la zona como modesto pulmón y lugar de encuentro, para reconvertirla en aparcamiento al servicio de los usuarios de vehículos, está alterando violentamente el ecosistema del barrio. Cuando algún responsable político decide aprovechar el derribo de antiguos bloques de viviendas para abrir una gran avenida que “facilite el tráfico rodado” muy probablemente está partiendo en dos un barrio y, por tanto, dificultando el contacto entre personas que hasta el momento coincidían con fácil naturalidad (¿alguien ha pensado alguna vez en la profunda y dolorosa sensación de impotencia que tienen todos esos ancianos que, por más que se apuren, no les alcanzan las fuerzas para atravesar a pie una gran avenida en el tiempo que les concede el semáforo para peatones?).

El delicado equilibrio que caracteriza a la ciudad es el que caracteriza a un organismo vivo. No es, por tanto, un equilibrio estático (en el que el valor supremo fuera intentar mantenerlo todo como estaba en un supuesto momento óptimo del pasado, defendiéndolo de las agresiones de lo nuevo que no deja de irrumpir), sino un equilibrio dinámico (en el que los elementos por armonizar son los intereses de múltiples vecinos que, como seres humanos, no dejan de cambiar, como la vida misma, porque nacen y mueren, y a lo largo de sus existencias van teniendo variables necesidades).

En ese sentido, podríamos añadir, la ciudad no es solo la materialización de la sociedad, sino también de la historia, porque en pocos lugares se hacen más visibles las transformaciones que lleva a cabo el paso del tiempo sobre todos nosotros que en el paisaje urbano. O podríamos cambiar de metáfora (para referirnos a la ciudad) y sustituir la del organismo vivo por la de caja resonancia. Siempre que dejáramos claro que se trata de una caja de resonancia de extraordinaria precisión, en la que resuenan de inmediato, para bien y para mal cualesquiera cambios que se produzcan.

Pero si estos rasgos convierten en extremadamente atractiva la vida en la ciudad, también hacen complicado en gran medida su gobierno. No es cierto el tópico, que tanta difusión obtuvo hace unas décadas, según el cual en cuanto una ciudad alcanza un determinado tamaño inexorablemente esta circunstancia convierte a sus habitantes en mero número, aplastados por el peso de la muchedumbre, condenados a la irrelevancia del anonimato. Disponemos de muchos contraejemplos que nos muestran que incluso las mayores megalópolis (pienso en la propia Nueva York, representada como paradigma de lo impersonal durante décadas) pueden transformarse y regenerar su vida vecinal. Como tampoco es una fatalidad o una condena del destino que las ciudades atractivas para el turismo deban degradar a los vecinos a la condición de meros extras de un parque temático urbano o, peor aún, a la de encargados del mantenimiento de la representación.

Todo lo anterior no tiene nada de retórica (ni menos de filosofía, aunque lo esté planteando un filósofo). No es retórica, sino política. Porque de la tesis anterior, según la cual la ciudad es el lugar donde se materializa nuestra voluntad de vivir juntos, se desprende, de manera inexorable, la tesis de que es el lugar donde de manera más afinada se pueden pulsar los intereses y los deseos de los ciudadanos. De ambas tesis se desprenden a su vez consecuencias políticas —nada menores, por cierto— tanto en positivo como en negativo. En negativo, la tesis de que el mercado no es capaz de hacer ciudades, como a algunos de nuestros más audaces neoliberales les gustaría poder pensar. En positivo, la de que los mecanismos de poder en manos de los Gobiernos de las ciudades pueden constituir formidables mecanismos de redistribución. Quizá los más eficaces en este momento.

Pensemos, por referirme al caso que mejor conozco, en la distancia que separa la cada vez más frecuente expresión “marca Barcelona”, muy cara al actual equipo de Gobierno (de CiU) de la ciudad, de aquella otra expresión, que tanta fortuna hizo en su momento, “modelo Barcelona”. Me inquietaría profundamente que estuviéramos asistiendo, si se me permite la expresión, a la privatización de la ciudad. No tanto porque se estuviera poniendo a la venta —cosa imposible por definición— como porque se estuviera concibiendo su Gobierno y su gestión en términos de empresa privada: rentable, eficiente, competitiva…, en vez de como un poderoso instrumento para la mejora de la vida de los vecinos.

Tal vez alguien pueda pensar que exagero en mi suspicacia, que soy hipersensible ante actitudes y medidas que solo tienen un carácter técnico, sin la menor carga ideológica o política. No niego ni mi hipersensibilidad hacia según qué asuntos ni mi severa desconfianza hacia según qué gestores de la cosa pública. Pero, qué quieren que les diga (y solo a título de ejemplo, mera paráfrasis de las palabras de un siniestro), cada vez que escucho o leo la palabra “externalización” me llevo la mano a la pistola.

Barcelona no es solo la capital de Cataluña: es la imagen viva de otra Cataluña, distinta a la Cataluña prefabricada, uniformista y uniformada que nos quieren persuadir por tierra, mar y aire que es la Cataluña real, tal vez porque los encargados de la persuasión nunca han terminado de distinguir bien entre real y oficial. Mejor lo digo con estas otras palabras: política municipal es —mal que les pese a los meros gestores— política con mayúscula.

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http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2014/02/15/modelos-urbanos/0003_201402G15P20992.htm

Los modelos urbanos

Autor: Fernando González Laxe. Publicado en La Voz de Galicia el 15 de febrero de 2014 

¿Qué facilidades debe ofrecer el gobierno de las ciudades para que estas sean el lugar más atractivo? ¿Cómo se pueden atraer empresas innovadoras a su entorno? ¿Cómo fomentar el espíritu emprendedor? ¿Qué estructuras organizativas se requieren? ¿Qué tiene que hacer la ciudad para hacer frente a los nuevos cambios tecnológicos? Muchas preguntas e infinidad de inquietudes. La primera respuesta global es que las ciudades cuentan con potencialidades que pueden ser o no ser aprovechadas según las decisiones políticas y estratégicas de desarrollo urbano que se adopten.

Algunos analistas y políticos urbanos se escudan en afirmar que no existe receta única para crear una ciudad competitiva. Repasando la historia reciente, tendríamos que las ciudades han experimentado un profundo replanteo en sus modos de organización y en sus prácticas operativas cotidianas. En primer lugar, la gestión se había basado en las inversiones públicas; más tarde, se fundamentó su actuación en los papeles de promotor. Luego, en el manejo de los activos intangibles. En la actualidad, en los nuevos conceptos de procesos de creación de riqueza y bienestar. Es decir, podemos llegar a reconocer la historia de nuestra ciudad si vamos relacionando, de manera sucesiva, los siguientes elementos: diseño urbano, infraestructuras, servicios básicos y avanzados, atractivos culturales y turísticos, gestión de intangibles, modelos smart-city. Pues bien, todo eso ya está superado por la experiencia de las ciudades más dinámicas del mundo.

Hoy en día, los grandes centros urbanos ordenan sus políticas sobre la base de destacar los valores humanos de la ciudadanos; el fomento de los aspectos sociológicos de la ciudad; las relaciones internacionales y su imagen; las relaciones ciudadanos-empresa-Administración; la integración social; el cuidado y la apuesta medioambiental… En suma, se habla de ofertar productos y servicios de forma eficiente y accesible; y de promover valores e imagen de marca, que permitan a los usuarios introducir sus ventajas diferenciales. Es decir, sus acciones se formulan sobre la base de afianzar los rasgos distintivos propios para desarrollar una oferta diferenciada de acuerdo con las necesidades de su propio mercado y de sus expectativas. Esto es, no se trasladan ni se copian miméticamente otras experiencias, sino que se construyen.

Auscultando las actuales políticas municipales destacamos la carencia de políticas activas integradas; apenas se clarifican y difunden sus necesidades; reflejamos que no se apuesta por desarrollar productos y servicios competitivos; y comprobamos que no se garantiza la participación activa de los ciudadanos.

¿Qué ponen de manifiesto estas afirmaciones? Lo mismo que dijo el presidente de la FEMP, «en el ámbito de las ciudades inteligentes no hemos alcanzado el grado de desarrollo que esperábamos hace apenas dos años». Es decir, proyectos que no llegan a buen puerto. Varias razones explican este contundente fracaso. Entre las muchas respuestas, sugerimos las siguientes: porque las políticas urbanas trataban de representar a las ciudades como mostradores; porque las estrategias no se hacen con visión a largo plazo; porque no se implica a los ciudadanos; porque no se transmite la información y los objetivos de manera eficaz; porque no se aprovechan los recursos humanos e intelectuales existentes; por enfatizar en exceso las plataformas tecnológicas y no apostar por la simplificación de las cosas al ciudadano; por una nula apuesta energética; por los errores en los planteamientos de movilidad; por la falta de modelos eficientes? Por eso, cuando las reacciones de los gobernantes se reducen a buscar referencias bajo el paraguas de las smart-city, las críticas se redoblan, puesto que, como bien dice un experto mundial, «se habla de un concepto confuso y no bien definido».

Debemos buscar, en consecuencia, una estrategia de desarrollo urbano que pueda y deba responder a varios ejes. El primero es edificar un modelo económico de espíritu innovador, con buena imagen económica, productiva, flexible, favorable a la internacionalización y con capacidad de adaptación al cambio. O sea, «ser más»; no «tener más». En segundo lugar, definir una gobernanza que tenga en cuenta el punto de vista del ciudadano. En tercer término, que se defina la oferta de servicios e infraestructuras que contribuyan a mejorar la calidad de vida. En cuarto lugar, que se apueste por una gestión óptima de la sostenibilidad que garantice la cantidad y calidad de los recursos naturales y patrimoniales de las ciudades y su capacidad para poder gestionarlos. Y, finalmente, por una movilidad inteligente que haga hincapié en la accesibilidad tanto local como internacional de la ciudad, con amplio acceso a las infraestructuras TIC.

Una ciudad dinámica es aquella que trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas y se pone a liderar las transformaciones que se deben afrontar en los próximos treinta años. Y eso es lo que nos falta en la actualidad.

Fernando González Laxe es expresidente de la Xunta de Galicia.

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