Compostela yonqui (El síndrome de Compostela II)

El Correo Gallego

Hace unos meses este diario publicó la opinión de nuestra Asociación sobre el declive demográfico en la ciudad histórica, iniciando una serie que denominamos El Síndrome de Compostela. Publicamos ahora el segundo artículo sobre otro de los síntomas que componen el síndrome, la falta de diversidad económica de nuestra ciudad y las consecuencias del monocultivo turístico.

No es nuestra intención ser puristas o elitistas. Nos preocupa el futuro de nuestra ciudad y queremos hacer partícipe a la ciudadanía de las patologías que la afectan por estar convencidos de que aún estamos a tiempo de rectificar la trayectoria.

Las cuestiones que tratamos son conceptos que se exponen en las aulas universitarias, por ello consideramos que deben divulgarse, llegar a la opinión pública para abrir el necesario debate.

………………………………………………………………….

Compostela yonqui (El síndrome de Compostela II)

Asociación de Vecinos Compostela Vella

Santiago ya sólo se cree a sí misma como una ciudad turística y a la ciudad histórica como una atracción de feria. Las calles y casas compostelanas tuvieron su momento épico, levantaron empresas, lideraron la economía gallega y crearon riqueza; pero hoy los compostelanos han renunciado a ello. ¿Una Compostela productiva, científica o tecnológica? En su web el concello lo tiene claro, Santiago es una “ciudad, que se levanta perezosa y se acuesta tarde, en consonancia con la abundancia de locales nocturnos1

Poco importa que existan empresas que exportan y cuentan con personal especializado como Finsa o Televés, Castrosúa o Urovesa; el turismo y el ocio son hoy la única imagen de prosperidad inteligible para la opinión pública y los políticos populistas. Frente a un polígono industrial o un parque tecnológico, la visión de una calle atiborrada de terrazas arranca sonrisas blandas y encarna el inconsciente de prosperidad compostelana. Medimos nuestro éxito por la abundancia de barras de bar a nuestra disposición mientras viajamos en un crucero llamado Titanic.

No nos importa tampoco el daño causado por la hipertrofia del turismo. De acuerdo con la UNESCO, el impacto de la sobreexplotación turística ha pasado de un 8% de lugares afectados en 1985 a un 75% en 2013. “El turismo es peor para el patrimonio que las guerras” titulaba hace dos meses un suplemento cultural al analizar los declaraciones de Patrimonio de la Humanidad que fueron revisadas o retiradas entre 1979 y 20132. En Santiago se ha multiplicado por tres el número de zonas insanas por causa del ruido entre 2005 y 2013.

Nos permitimos ignorar estudios como el premio Valentín Paz Andrade 2015. En el estudio de los profesores universitarios Melchor Fernández Fernández y André Carrascal Incera se concluye que hoy, en Galicia, el turismo contribuye a la desigualdad social3.

En definitiva, es una menudencia que el turismo sea una actividad estacional, que apenas emplea mano de obra cualificada, que no crea economías de escala a nivel local y cuyos rendimientos son decrecientes. Santiago se ha enganchado al turismo y cada vez son necesarias mayores dosis para calmar la ansiedad. Dando por hecho que empresas y bares son sinónimos, Compostela se pregunta de qué vamos a vivir si nos falta el turismo, como si fuese un yonqui de las visitas vacacionales, como una ciudad que no sabe vivir sin su subidón anual de pernoctaciones. Un síntoma más del Síndrome de Compostela. Mientras tanto, el turismo cultural que aprecia el patrimonio, el verdadero filón de nuestra urbe, ese turismo sostenible y respetuoso con la ciudad histórica, está deficientemente planificado.

Bajo el mono de pernoctaciones y alucinados por la visión de una Compostela capital mundial del “terraceo” y el “copeo” underground, el gobierno impulsa una deriva de la ciudad cultural hacia la ciudad de ocio. En Santiago hoy cualquier actividad es un “evento cultural”; cualquier sucesión de entretenimientos una “programación cultural” y; pase lo que pase en la plaza, estamos asistiendo a “animación cultural”. Poco importa que la plaza sea un ejemplo único en el mundo de arquitectura barroca, los miopes solo ven un escenario vacío y están dispuestos a llenarlo con entretenimiento y bullicio de cualquier tipo en nombre de la cultura.

Notas:

2 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/10/actualidad/1444492587_837286.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s