Pablo Pérez Costanti. NOTAS VIEJAS GALICIANAS (1925-1927)

La ciudad de Santiago en 1753

La capilla y la fiesta de San Roque en Santiago

Las casas consistoriales de Santiago

El Santo Cristo del Consistorio

Felipe I el Hermoso en Santiago

El Hospital de San Roque

La iglesia Exconventual de Nuestra Señora de la Cerca

La Plazuela de Platerías. Lugar Sagrado

El Toral. Historia de una fuente

Una escuela de Dibujo

La exclaustración en Santiago

La Torre y el reloj del colegio de Fonseca

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La ciudad de Santiago en 1753

Una de las varias ocasiones en que se acudió al Concejo compostelano en demanda de noticias de toda suerte sobre la ciudad del Apóstol, fue la presentada en 1753, con motivo de estar a cargo de D. José Moraleja, profesor de Geogra´fia en la Corte y Agente de negocios en los Reales Consejos “la composición del Piscator anual” titulado El Jardinero de los planetas.

A fin de satisfacer sus deseos, expresados en instancia de 24 de enero del referido año, a la que acompañaba extenso interrogatorio, acordó el Ayuntamiento “se escriba a D. Antonio Rioboo y Seijas, de la Real Academia de la Historia, vecino de esta ciudad, para que como tan apasionado y discreto en todas estas noticia, se sirva formalizar su dictamen para poder remitirlo a dicho D. Joseph Moraleja”. (1)

Solícito mostrose a tal petición el erudito escritrogalelgo, quien a los pocos días de recibida, favoreciola con la relación del siguiente tenor:

“La ciudad de Compostela, comúnmente llama da de Santiago, capital del Reino de Galicia y de su provincia, comenzada a poblar desde el el año 800, no en el que dice Gil González Dávila, tiene su situación a la falda del monte Pedroso, uno de los encumbrados de Galicia, que domina la mayor parte del en que está fundada la ciudad, que no es solo un cerro, como dijo el citado autor, sino onte bien alto que la industria y el arte hicieron accesible; por el Norte y Sur descuende a un llano estrecho que riega el río Sar distante de la ciudad un tiro de arcabuz, y de su origen, menos que un cuarto de legua, poco más abajo del convento de Belvís, y no legua común como escribe dicho autor; y desde Oriente a ocaso declina su altura hasta dos llanos o valles que circundan la ciudad, llamados Val de Dios y Val de Inferno.

Dista de la equinoccial o ecuador 42 grados y 30 minutos (no algunos pocos como escribe el citado autor) en cuya altura de polo están reglados los relojes solares más exactos de la ciudad que forma una figura casi perfectamente cuadrangular, de Norte a Sur, desde la puerta de San Roque a la de la Mámoa, y de levante a poniente, desde la del Camino a la de las Guertas (sic). Ocupa de terreno un cuarto de legua o nuevecientos veinte y ocho pasos geométricos menos dos pies, que son 4591 comunes, porque se tarde quince minutos en andar naturalmente su terreno, dentro de murallas en línea recta. Conserva aún siete puertas, las 4 ya nombradas, la de la Pena o Peña, Faxeira y del Mercado o de Mazarelos. Habítanla actualmente hasta 4000 vecinos, con muchos nobles y antiguos solares, hermosos edificios, singularmente la casa que acaba de hacerse para hospedaje de los Obispos que vienen en los años de Jubileo a ganarla en nombre de los Reyes. Cíñenla ocho barrios o arrabales que alcanzan desde levante a poniente, desde el de los Concheiros al de San Lorenzo, y de Norte a Sur, desde el de San Cayetano, que es el más numeroso, al de Santa Marta, y comprenden una legua española; circundándole 9 feligresías que constan de 1508 moradores.

Goza del título de Ciudad desde el reynado de don Fernando el Magno, según instrumento del archivo compostelano, confirmado por otros Reyes, con el de Muy Noble y Muy Leal, y últimamente participa como miembro tan principal del Reino, del especialísimo que a este le concedió el señor Phelipe 5º de Fidelísmo Reino en un Real Despacho de aprobación de las constituciones de la congregación nacional de Santiago, su fecha 2 de octubre de 1742, privilegio que no goza otro Reino de España.

Tiene voto en Cortes por todo el Reino, en las que ocupa alternativamente 2 turnos, consumiendo  Juntas de Cortes, y después de una de las seis ciudades del Reino, vuelve a ocupar en las siguientes Cortes 2 turnos o veces.

Su temple o clima es el común del reino , aunque le hace algo húmedo la desigualdad de su terreno.

Es cabeza de su provincia que forma el centro y diámetro del reino, confinando con las demás por el Oriente, con la de Lugo por la jurisdicción de Boente, la de Mellid, coto de Furelos, San Antolín o San Antonio de Toques; con la de Betanzos entre Oriente y Norte, desde el monasterio de Sobrado, exclusivamentepor el camino real de Betanzos, tocando el país del lado izquierdo hasta Malpica por toda la costa hasta el Puente de San Paio y tierra de Morrzao, por donde se divide de la provincia de Tuy; y su longitud, de Oriente a ocaso, es de 22 leguas comunes, desde Sobrado hasta la punta más avanzada del cabo

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La capilla y la fiesta de San Roque en Santiago

Cuando en 1517 una terrible peste invadió la ciudad del Apóstol quedó instituida, por voto del Concejo y del Cabildo, la cofradía y función de San Roque; debiendo guardarse desde entonces en Santiago, como día festivo, el del santo “abogado de la peste”. En el mismo año comenzó a construirse la capilla de su advocación, con arreglo a trazas hechas por el maestre Martín que , con su colega Maestre Guillén Colás, ambos franceses, han sido los más famosos “maestros de pedrería” que hubo en Santiago en el primer tercio del siglo XVI. Pero cesó la peste y cesaron las obras, utilizándose en otros servicios la piedra para aquellas acopiada.

Incumplido quedó el voto de la ciudad por largo período de tiempo hasta que una nueva peste lo hizo recordar y poner en vigor.

Una legacía del Cabildo expuso a los señores Justicia y Regimiento, en consistorio de 8 de mayo de 1570 “que en mil quinientos diez y siete, por parte del concejo y cabildo, habiendo peste en esta ciudad habían hecho voto de hacer y edificar un templo en honor de los gloriosos santos San Sebastián y San Roque, el cual habían comenzado con licencia y por bula expresa que había dado el arzobispo de buena memoria D. Alonso de Fonseca y como cesara la peste había cesado la obra; y que por nuestros pecados este presente año había sucedido, cómo los dichos señores habían visto otra pestilencia, por lo cual se había vuelto a edificar dicho templo y para hacerse acabar era necesario que sus mercedes mandasen ayudar con algunos dineros como lo había hecho el cabildo y otras personas particulares; y que esto se debía de hacer asi por razón del dicho voto como porque de cierta piedra que estaba junto al edificio de dicho templo, la dicha ciudad había tomado cantidad della para la fuente del campo”.

Al acordar el Concejo que una comisión de su seno, en unión a la del Cabildo, recabase donativos entre el vecindario para las obras de la capilla de san roque, encargó al procuradorgeneral hiciese las necesarias averiguaciones, respecto a la piedra que indebidamente se había empleado en obras públicas de la ciudad y se justificase para el abono consiguiente.

Las obras de la capilla no se vieron, sin embargo, terminadas hasta 1578, habiendo sido objeto la portada de amplia reforma a mediados del siglo XVII. Ni esta, ni el pequeño templo comenzado en 1517 y terminado setenta años más tarde, ofrecen el menor interés desde el punto de vista artístico.

A la función religiosa a San Roque, asociábanse diferentes fiestas profanas, en las que el Concejo, como “cabeza de cofradía” tenía directa intervención.

Cuando para las de 1619 mandó llamar (consistorio de 9 de agosto) a Juan Vázquez, picheleiro, mayordomo de la citada cofradía “y habiendo o tratado con él las fiestas que había de hacer en regocijo del Santo, como sus antecesores lo habían hecho; dijo no querer hacer ninguna más de una misa y procesión y que quiere gastar cien reales en comida. Atento lo cual sus mercedes Justicia y Regimiento mandaron que dicho Juan Vázquez haga las fiestas como lo hicieron sus antecesores que han hecho fuegos, cañas, torneos y sortija y otras fiestas y no se allanando en ello, se le saquen veinte ducados y estos se gasten la víspera del glorioso santo a la noche”.

Mandose también el susodicho mayordomo “que de la cera que tiene de la cofradía haga hacer doce achas para que sus mercedes los señores Justicia y Regimiento  lleven en procesión que se ha de hacer el día del Santo y el pendón de la ciudad, lo lleve el regidor Vázquez de Toubes.”

Al notificársele al referido Juan Vázquez mayordomo “lo por sus mercedes proveído”, contestó muy frescamente “que no quería hacer sino lo que fuere de su gusto”, con lo cual hizo ver que no le había causado mella alguna la conminación de la pena pecuniaria. “Y asimismo ordenaron sus mercedes atento al poco tiempo que hay de aquí al día del santo, se notifique que a los mayordomos de la cofradía de los sastres y de los carniceros salgan con sus danzas a la procesión, en pena, de cada veinte ducados, y se pregone que la víspera se pongan luminarias en todas las ventanas para regocijo del glorioso santo, atento el voto que esta ciudad y sus vecinos tienen hecho, juntamente con el Cabildo, de regocijar sus fiestas”.

Como para las de 1621 no había mayordomo, acordó el Concejo “se haga un juego de sortija, una máscara de noche, un juego de estafermo y unos toros, juntamente con la profesión que la ciudad hace”, en la cual, como en la del Corpus, exhibíase la “tarasca” a cargo del gremio de obra prima.

Las fiestas de San Roque tenían lugar los días 16 y 17 de agosto. En este último era cuando celebraba su función el ayuntamiento, sacando la procesión por la mañana, después de la misa solemne; y así vino haciéndose hasta 1815 en que, a petición de la cofradía, se acordó “extinguir la función del 17 y hacerlas todas el 16, propio del santo”, en la forma que actualmente se practica.

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Las casas consistoriales de Santiago

De antiguo venía el Concejo compostelano celebrando sus consistorios en el monasterio de san Pelayo de antealtares, quizá en algún local facilitado por los monjes, por no contar la ciudad con casa propia para sus reuniones, cuando no las celebraba en el ”sobrado” de las notarías de número sitas en la Quintana de Palacios.

Dispuesto por los Reyes Católicos en 1480 que las ciudades y villas “hiciesen casa pública de Cabildo y Ayuntamiento en que ayunten las Justicias y regidores a entender en las cosas cumplideras en la república que han de gobernar”, tuvo el Concejo que proporcionarse domicilio propio, ocupando, según todas la probabilidades, a fines del siglo XV o principios del XVI, su primitiva Casa Consistorial en la Quintana de Palacios, “arrimada de una parte al monasterio de San Payo, con la escalera y portada della junto a la escalera de portada de la iglesia de dicho monasterio, confinante de la otra parte con la capilla de la cofradía de los sastres, y saliendo con la delantera a la dicha Quintana de Palacios”.

Allí estuvo cerca de un siglo, pero cuando no agradaba tan inmediata vecindad a la comunidad de San Pelayo, pudo obedecer a sus gestiones el que en 1582 el Licenciado Velarde, designado por la Audiencia como juez de visita de escribanos, se querellase de la Justicia y Regimiento y de los dos notarios del Concejo, Gregorio Vázquez y Alonso Vázquez Varela “diciendo que siendo la dicha Quintana de Palacios lugar sagrado y cementerio de la Santa Iglesia del señor Santiago, y estando las dichas casas de consistorio dentro e inclusas en él, que conforme el derecho e leisdestos reinos, sacros cánones y el santo Concilio de Trento; los dichos escribanos de Ayuntamiento no diesen fe de ninguno de dichos autos en las dichas casas de consistorio; y viéndose, por lo tanto el Concejo, en la necesidad de enajenar y buscar nueva casa consistorial”.

Precedió a la venta del solar y de los materiales, el permiso del Prelado para realizarla por subasta pública, y la fijación de edictos del siguiente tenor: ”Cualquiera persona quisiere comprar el sitio y territorio de las casas de consistorio viejas sitas en la Quintana de Palacios, que por el dicho suelo y territorio, no se ha de edificar ninguna cosa sino que ha de quedar raso y libre y juntamente con el mas cementerio de la Quintana, si alguna persona lo quisiera comprar y poner en más precio, parescan en el oficio (escribanía) de Alonso Vázquez Varela a poner su postura que se le admitirá y rematará en el mayor postor y se aprecibe el remate dende hoy a tercero día; fecha en Santiago a ocho días del mes de marzo de mil y quinientos y ochenta y ocho años”.

Adjudicose el remate en la suma indicada, a Fray Lope de Heredia, vicario del referido monasterio y vendiéndose los materiales a Juan Bermúdez en cien ducados.

El Concejo que se viera en la precisión de adquirir nuevas casas de consistorio, había comprado a Rodrigo Palmero la que éste tenía en la Plaza del Campo (hoy Cervantes), esquina a la calle del Preguntoiro, quien la adquiriera de Antonio Yáñez y éste de Martín Guillén de Briviesca, heredero abintestato de Guillén de Briviesca, boticario del Hospital Real.

Esta casas que tenía una pensión de mil maravedises a la Universidad, fue vendida al Concejo en 1583 por Rodrigo Palmero, en 736 ducados, ante el escribano Gregorio Vázquez. Consignose en la escritura de compra, que ésta fuera motivada “a haber sido derrocadas las casas del Concejo de la Quintana, las tiendas y escribanías de Número Concejo y Cabildo y de los señores provisor y asistente jueces eclesiástico e seglar que estaban de inmemorial tiempo a esta parte en el cementerio y quintana de la santa iglesia”.

La nueva casa consistorial de la plaza del campo, que tenía su fachada por la calle del Preguntoiro (tiene hoy el número 1 accesorio de esta última calle y número 5 de la plaza de Cervantes), fue objeto de importantes obras en 1686. Además de la construcción de medianas, vanos, cornisa, gárgolas y tres escudos con las armas de la ciudad – de los que no se conserva vestigio alguno -, comprediéndose en dichas obras “dos cajas embebidas en la pared de cantería, para poner en ellas las sillas de los señores alcaldes”. En Consistorio de 3 de julio de 1690 se acordó reponer dichas sillas por otras “de madera de nogal con buena disposición”. (1)

En el año de 1687, con motivo de las obras que se realizaban en las maltrechas casas de consistorio, tuvo el Concejo que trasladar provisionalmente sus oficinas a las Casas Reales o sea a una parte del Seminario de Niñas Desamparadas, cuyo edificio estaba en el sitio que ahora ocupa la Capilla General de Ánimas.

Hasta el 30 de junio de 1787 sirvió de casa consistorial, la adquirida en la Plaza del Campo a Rodrigo Palmero en 1583.

A la munificiencia del Arzobispo D. Bartolomé de Rajoy y Losada, debieron los señores Justicia y Regimiento, nuevo y espléndido domicilio en el suntuoso “Seminario de Confesores” que por orden y a expensas de aquel prelado, se levantó en la plaza mayor o del Hospital.

Lo reducido de las dependencias de la casas consistorial de la plaza del campo, y las malas condiciones de las cárceles seglar y eclesiástica en la plaza del hospital, movieron al concejo a erigir un edificio de nueva planta en el mismo sitio que estas últimas ocupaban (y que eran conocidas por Torre de la Plaza).

Al efecto encomendó en 1764 la formación de planos y presupuestos, al maestro de obras D. Lucas Antonio Ferro Caaveiro, quien no tardó en presentar trazas del nuevo edificio, el coste del cual reguló prudencialmente en 436.000 reales; y las obras de las dos cárceles en 684.000, totalizando ambas cantidades, la de 1.120.000 reales.

Destinaba Ferro Caaveiro en su proyecto, la planta baja del edificio (frente al cementerio de la Angustia) a despensa de carnes, pescadería, alhóndiga, departamento separado para artículos de abasto común, y dos piezas grandes para guardar los pertrechos de los milicianos. En el primer piso colocaba las dos escribanías de Ayuntamiento y las viviendas del veedor y portero de la ciudad; y el en segundo cuerpo, la sala consistorial, archivo y oratorio, todo lo cual explícase detalladamente en los planos que se conservan en una de las dependencias del municipio.

Cuando este trataba de recabar fondos para emprender las obras, viose sorprendido, muy gratamente sin duda, por el magno pensamiento expuesto por el Arzobispo Rajoy, en la siguiente carta:

“Considerando de mi precisa obligación destinar parte de frutos de la Mitra, que por la piedad de Dios Nuestro Señor y por el patrocinio de Nuestro Glorioso Apóstol Santiago, indignamente gozo, al establecimiento de un Seminario en que pudiesen vivir los niños de coro, acólitos y otras personas de esta clase, ocupados en el mayor culto de su Apóstolico templo, después de haber procurado el sitio que fuese de más proporción para esta fábrica, valiéndome de personas inteligentes, hallo que ninguno es de mejores circunstancias que el del espacio que hay en la sera que va desde la cárcel eclesiástica hasta el Hospital Real, y hace frente a la fachada principal de la Santa Iglesia, en cuyo ámbito, no solo puede construirse dicho Seminario, sino que a sus dos lados se pueden formar las dos cárceles eclesiástica y secular, quedando en medio dicho edificio. Y hecho cargo de que la necesidad de las dos cárceles por poco seguras y expuestas a la fuga de muchos reos (como en varias ocasiones hemos visto), pide que se fabriquen más decentes y fuertes, y que para este fin sería dificultoso hallar medios son muchas fatigas de los que pudiesen concurrir a su costo; estoy persuadido a que en tales términos será muy acepta a los ojos de Dios Nuestro Señor la oferta que tengo hecho y hago de que se construyan de los efectos y rentas de la Mitra, con los cuales se atenderá a todo su importe. Y con este pensamiento hice trasladar provisionalmente a las Casas Reales, los presos que estaban en la cárcel eclesiástica y apetezco se haga lo mismo en los de la cárcel secular, mientras una y otra pueden estar concluidas.

Presento a V. S. estos mis buenos deseos, esperando de su celo y generosidad los comprenderá por puro efecto de las ansias con que solicito emplear las rentas de esta Mitra en servicio de Dios Nuestro Señor, mayor culto de Nuestro Santo Apóstol y alivio de todos; y que sirva V.S. disponer de mi verdadera voluntad a su obsequio en cuanto pueda ejercitarse en él. Dios guarde a V.S. Santiago, abril 15 de 1766. Bartolomé Arzobispo de Santiago. Señores Justicia y Regimiento de Nuestra Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago.

Viose esta carta en Consistorio celebrado el 17 de abril y la en que comunicó al Prelado, lo en su virtud resuelto por la ciudad, contienese en estos términos:

“Ilmo, Señor. Recibió esta ciudad la muy apreciable carta de V.I. en que se sirve noticiarla el establecimiento de una obra propia de su grandeza y liberalidad, como acreedora a la piedad con que en todas ocasiones y a todo trance obcurrió V.I. a los mayores menesteres de este pueblo, en cuia atención quedan los caballeros Alcaldes encargados de remudar los presos de la cárcel seglar, en el punto que aquella se principie, bajo las reglas que V.I. como Señor de la Ciudad, les prescriba. Y con esta ocasión, debe hacer presente (como en otras) lo reducido de sus Casas Consistoriales y plaza pública que está en su frente y para el mejoramiento de uno y otro, tiene introducido sus pretensiones en el Real Consejo y hecho mapas, y aunque la de fondos para la obra, hasta ahora no se ha conseguido, tampoco se la ha denegado, antes bien, esperanzado en los justificado de ella, siempre conservó la línea y lienzo de muralla que V.I. va a ocupar negando a diferentes pretensiones aquel terreno, por no haber otro en toda la comprehensión del pueblo más a propósito para cárceles y Casas Consistoriales, en el concepto de que estas, en medio de las dos, formaría la obra (con una fuente en su delantera) la mejor plaza de toda la España y que su coste no considera la ciudad pudiera ascender a mucho, ayudada de los materiales de cantería y pizarra que se halla existente en dicha muralla y su almena, además del efectivo valor de las actuales Casas Consistoriales; quedando extinguida al mismo tiempo la pensión de tres mil maravedís que paga la Dignidad de este Ayuntamiento (2) y todo a la disposición de V.I.; y por lo mismo, suplica la ciudad, por medio de sus diputados, dadores de esta (3) que como mayor necesidad se digne invertir en casa de consistorio el terreno que haya de servir para la de Seminario, V.I. se sirva mandar dejar el competente hacia el medio de la plaza, para que en él pueda efectuar la ciudad su pensamiento en cualquier tiempo”.

Orilladas, sin duda alguna, confidencialmente, entre el Concejo y Prelado, las dificultades que pudieron ofrecerse para la construcción del Seminario; conciliados, al cabo, los deseos de uno y otro, diose comienzo a las obras el 8 de agosto de 176, bajo la dirección y con arreglo a planos de D. Andrés García Quiñones, maestro de obras, vecino de Salamancay encargado de las del edificio para Archivo General de Galicia en la ciudad de Betanzos. Pero no pudoprosperar el proyecto de Quiñones, pues a poco de comenzadas las obras, ordenose la suspensión de las mismas, a causa de ciertos reparos que puso el Gran Hospital, dando motivo a cuestión; por lo que el Capitán General de Galicia, mandó para enterarse, al Jefe de Ingenieros Militares, D. Carlos Lemaur, quien formó nuevas trazas, con las que no resultaba perjuicio a aquel establecimiento. Hubo que deshacer algo de lo hecho para adaptar la obra a los planos de Lemaur, con arreglo a los cuales, se realizó toda ella. (4)

Alberto Ricoy, de San Miguel do Campo y Juan López Freire, de Santiago, remataron las primeras obras en 11 de julio de 1767, ante el escribano del Cabildo, Jose Antonio de Neira, quien dio fe igualmente en 16 de abril de 1770 del contrato por el que el citado Ricoy, se comprometió a ejecutar el resto de las obras de cantería.

No pudo el ilustre gallego Sr. Rajoy y Losada, ver terminado el grandioso edificio debido a su munificiencia, por haberle sorprendido la muerte en 1772.

Los famosos escultores José Gambino y José Ferreiro, emprendieron en 1774 la notable obra del medallón del Seminario, con arreglo al modelo que ambos habían hecho por dibujos del pintor D. Gregorio Ferro Requeijo, pero muerto Gambino en agosto de 1775, prosiguió aquella su yerno Ferreiro, hasta su terminación, ejecutando, solo igualmente, la del grupo que corona el edificio.

En el contrato otorgado al efecto, con dichos escultores, ante el escribano D. Domingo Antonio Sánchez, en 4 de diciembre de 1774, estipulose el precio de toda la obra en 33.000 reales; facilitándose a aquellos “toda la piedra arrancada, desbastada y conducida a la plaza del Hospital”, y los andamiajes necesarios; no siendo tampoco de su cuenta “el subir las piedras al sitio donde se han de colocar”. (5)

Aún cuando las principales obras del Seminario (6) se terminaron en 1777, no estivo habilitado el edificio hasta 1783 en cuyo año, el Cabildo participó al Ayuntamiento, “hallarse concluidas las Casas Consistoriales que el celo del Ilmo. Prelado Sr. Rajoy hizo fabricar a sus expensas, con arreglo a la aprobación y resolución de la Real Cámara de Castilla, su fecha 13 de mayo del año de 67, y que podía pasar a ocuparlas”; pero diferencias que hubo entre ambas corporaciones, dilataron la traslación del ayuntamiento a su nuevo domicilio hasta el año de 1787, en que se otorgó concordia ante el escribano Andrés Manuel Nieves, por el cual el Cabildo cedió al conejo perpetuamente, la parte que en el edificio del Seminario estaba destinada a Casas Consistoriales, “con su entresuelo y cuatro tiendas que se hallan bajo de el con la pieza de la Alhóndiga que está ya en uso”.; y que la antigua Casa Consistorial de la plaza del Campo, “se ha de aforar al mayor postor, y el importe del canon en que se verifique ha de servir de dotación para el alcaide de la cárcel secular, a evitar el perjuicio que se sigue a los vecinos por la falta de carceleros de conducta, procedido de no tener hasta aquí dotación”.

Se capituló también, que “respecto la frontera de dicha obra coge una plaza muy capaz para en ella ponerse diferentes abastos públicos y por lo mismo ser regular se trasladen a ella varias tiendas, panaderas y recateras, ha de ser visto que en caso unos y otros traxinantes quieran en los tiempo de intemperie guarecerse de la Balconada de todo uno y otro edificio, no se le ha de exigir por este pretextoni por otro alguno, el menor interés, pues sea visto quedar dichos sitios a beneficio del público… La pieza destinada para Pescadería queda y su producto a beneficio de la obra pía de Seminario y su empedrado, mediante a que además de las dos correspondientes para auditorio de las audiencias de los señores alcaldes y escritorio de escribanos del ayuntamiento y la destinada para un vivaque (o cuerpo de guardia), también le queda otra a la ciudad para su destino a los fines que tenga por conveniente, con que coge todas las oficinas que se hallan bajo las piezas y sala del ayuntamiento”.

La ciudad tomó posesión de sus nuevas casas consistoriales en la tarde del 30 de junnio de 1787, en esta forma:

“Siendo la hora de entre cinco y seis de la tarde, formados los señores justicia y regimiento según la costumbre en todas salidas de cuerpo de ciudad, con su estandarte de Armas Reales, enarbolado, maceros y ministros (7), ha salido de su antigua Casa Consistorial, y acompañados entre otra tropa, de la que en este pueblo se halla destinada a la recluta, y esta con las banderas de su insignia, se han trasladado a estas nuevas casas consistoriales en las que se colocaron los retratos de los augustos reyes Don Carlos, que Dios guarde, D. Fernando y D. Felipe, y en los balcones de dichas casas consistoriales, las banderas de las referidas reclutas; y los citados Sres. Alcalde mas antiguo, caballeros rexidores, Diputados del Común y Procurador General, tomaron sus respectivos asientos en sus competentes lugares, lo propio que ejecutaron el presente escribano de Ayuntamiento y su compañero, por cuyo medio se dan por posesionados de este edificio y los a el adherentes, sin perjuicio de la reclamación que tienen protestado de los más que deben serle peculiares; y para que todo tiempo conste lo mandan poner por atestación y firman de que yo escribano doy fee. D. Joaquín Maria Bermúdez; El Conde de Jimonde; Francisco Borja de Ulloa; D. Ramón Durán y Figueroa; D. Francisco Taboada y Gil; D. Francisco Valderama y Mallón ; D. Juan Gutierrez Rubio; D. Juan María Abraldes de Mendoza; D. Pedro Francisco Varela Fondevila; Ignacio Aguayo; Licenciadod. Andrés Vicente de Turnes; D. José Ventura de Palacio; D. Juan Francisco Javier Somoza. Ante mi, Andrés Manuel Nieves”.

Por ante el propio escribano Nieves dio en foro la ciudad a D. Francisco Vázquez Quintela, la antigua casa consistorial de la plaza del Campo, en pensión anual de mil cien reales, canon que fue redimido por escritura de 4 de abril de 1861, ante D. Antonio Laya, escribano de La Coruña.

No agradaba al Ayuntamiento en 1814 que la tropa del regimiento Infantería de Borbón, utilizase para ciertos menesteres, o sea para hacer el rancho, los soportales del edificio del Consistorio; y por consecuencia de queja formulada al Capitán General, pasó oficio a la Municipalidad (19 de febrero de 1814) el comandante de Armas de Santiago, Brigadier de Ingenieros, Don Carlos Lemaur, hijo del autor de los planos y director facultativo de las obras del expresado edificio, en cuya comunicación decía: “Dispuse, desde luego, que el segundo ayudante de E.M. se viese con V. S. para que conciliándose la comodidad de todos, se evitasen también los daños que podrían causarse al edificio en cuya conservación y hermosura tengo un doble interés, por ser obra proyectada y dirigida por mi antecesor”.

Por Real Orden de 5 de julio de 1831, dispusose que “para la decorosa colocación de la Audiencia y Capitanía General de Galicia, con todas sus dependencias (8) se destine todo el edificio llamadao Seminario, mandándose el Ayuntamiento y los niños de coro de la Santa Iglesia de Santiago que ocupan parte del mismo edificio; y que se autorice al Ayuntamiento para que se procure otro edificio si no noliene propio: que se amplíe la cárcel con la de la corona o eclesiástica y con el local que ocupa su enfermería, estableciéndose esta en la parte de la misma cárcel de que hoy se hace uso para alhóndiga: para que se conserve ileso el derecho de propiedad del edificio, al Cabildo de la Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia de Santiago, y que se le paguen veinte y cinco mil reales anuales de los productos del citado arbitrio. Y que se comuniquen las órdenes convenientes al M. R. Arzobispo y Venerable Dean y Cabildo para que cedan lo que respectivamente les pertenece, añadiendo esta prueba a las muchas que tienen dadas de su decidido interñes por el mejor servicio del Estado.

Con tal motivo, tuvo que buscar el Ayuntamiento edificio o casa en condiciones para trasladar sus dependencias. Escogió primeramente el Palacio del Marqués de Camarasa, en la Algalia de Abajo, que no llegó a ocupar, dado el excesivo precio de alquiler anual (30 mil reales) que se le señalaba;: instalándose en agosto de 1832 en la casa que, en la plazuela de San Miguel habitara el Conde de Maceda, en la que tenía “parador de diligencias”, D. José Pou.

No tardó, sin embargo el Ayuntamiento en volver a su anterior domicilio en el palacio de Rajoy, porque en Real Orden de 17 de noviembre del referido año, dispusose nuevamente la traslación de la Audiencia para la Coruña.

Declarada propiedad del Estado por la Junta Revolucionaria de 1868 la parte del Seminario que ocupaban los confesores y niños de coro, volvió a serles reintegrada por Real Orden de 27 de noviembre de 1876. En 7 de abril del siguiente año, y a testimonio del notario don Manuel Martínez Fernández, otorgose concordia entre el Arzobispo y el Ayuntamiento, por lo cual se precisaron los locales que este había de ocupar en dicho edificio ; y para contribuir a los gastos ordinarios de conservación del mismo, quedó establecido que la municipalidad pagaría anualmente al administrador del Seminario 1.125 pesetas; sufragándose además de fondos municipales los gastos de reparación de todos los locales que el Ayuntamiento ocupa.

Y he aquí hecha a grandes rasgos, la historia de las Casas Consistoriales de Santiago, desde las primitivas de que hay noticia, hasta las con que el espléndido Arzobispo Rajoy, enriqueció a Compostela.

Por nota final hemos de añadir, que el soberbio palacio, estilo neoclásico – proyecto del ingeniero Lemaur – no tuvo por cimientos, como algunos creen la casa consistorial primitiva, que nunca allí existió, ni fue erigido sobre el solar de un imaginario castillo de los Churruchaos.

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(1) Hasta el año de 1891 conservándose en el palacio municipal, en uno de cuyos salones fueron colocadas por orden de la Alcaldía en 1888, determinación tanto más plausible cuanto que dichos sillones son casi los únicos objetos que de su mobiliarios antiguo conserva el ayuntamiento. Por acuerdo del mismo, en 20 de julio del referido año de 1891, pasaron en calidad de depósito, al museo de la Sociedad Económica.

(2) Por el sitio de la cárcel eclesiástica.

(3) D. Bernardo Millara y el Procurador General, Marqués de Santa Cruz de Rivadulla.

(4) El acuerdo de la Real Cámara de Castilla, de 13 de mayo de 1767, resolviendo la cuestión promovida por el Gran Hospital, fue comunicado en le propia fecha al Arzobispo de Santiago, en estos términos. “Habiéndose visto en la Cámara el celo con que V.I. distribuye las rentas de su Mitra empleándolas en beneficio de sus diocesanos, y que es mui útil a la causa pública la fábrica de Casas Consistoriales, cárceles y Seminario para confesores, que V.I. tiene dispuesto hacer a sus expensas en la Plaza el Hospital y que arreglada esta obra como V.I. conviene al plan que en 9 de marzo próximo pasado, hizo el Ingeniero D. Carlos Lemaur, no resulta perjuicio al Hospital Real, ha resuelto que se den a V.I. las mas expresivas gracias por su celo en beneficio del público y por la justificación con que se manifestó desde los principios, dispuesto a evitar por su parte cualquiera perjuicio al Real Hospital; que en su consecuencia se levante la suspensión de la obra comunicada en 18 de febrero de este año: Que se prosiga en ella como V.I. tiene convenido con arreglo al citado plano formado en 9 de marzo próximo por dicho ingeniero D. Carlos Lemaur que original remito a V.I. por su parte para que se lleve a efecto la obra dispuesta por V.I. en que tanto se interesa la utilidad y beneficio público de esos naturales”. (Archivo Arzobispal, Legajo rotulado Edificios de la Mitra)

(5)Vease la Biografía del escultor Ferreiro que, en folleto hemos publicado en 1898.

(6) Una buena parte del mismo, según lo dispuesto por el fundador, ocuparíanla los niños “seises”, misarios, acólitos y doce confesores, y otra parte, el ayuntamiento y las cárceles. Por eso vino denominándosele, indistintamente, “Seminario de Confesores”, y “Consistorio”. Hoy más conocido con el nombre de “Palacio Municipal”.

(7) Ujieres, como hoy diríamos.

(8) Ya estaban en Santiago desde 1825, en virtud de Real Orden de 1 de diciembre de 1824.

(9) V. en Archivo Municipal de Santiago los libros que contienen los acuerdos del Concejo de todos los referidos años, desde 1582 y el libro rotulado Palacio Consistorial. Antecedentes varios.

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El Santo Cristo del Consistorio

Cuando en agosto de 1915 hemos dedicado en un diario regional, La Voz de Galicia, breves líneas al asunto a que el epígrafe de las presentes se refiere, llegó a nuestras manos una curiosa carta anónima en que muy finamente se nos excitaba a sproseguir en nuestras investigaciones para descubrir a los investigadores de la revuelta popular de que luego hablaremos.

“Si las tumbas hablasen”, decíase en la misteriosa música. Pero aunque se nos insinuaba que alguno de aquellos para descargo de su conciencia, había declarado la verdad en su testamento, infructuosas han sido nuestras pesquisas documentales. Muy poco, pues, podemos añadir a lo que entonces hemos dicho.

En la parte superior de la pared que dice hacia el fondo de klos soportales del centro del palacio municipal, vese una caja adosada al muro, cerrada y cubierta por una alambrera.

Todos los que, por casualidad se fijan en aquel extraño aditamento, se preguntan: ¿Qué habrá ahí? ¿Qué significará eso? Muy pocos, seguramente, sabe que aquella misteriosa caja guarda, acaso desde la fundación de dicho Seminario, un Santo Cristo de piedra toscamente labrado y pintarrajeado y con su correspondiente ciudad de Jerusalén, representada al fondo en caprichosa combinación de colores, por la mano de inhábil pintor. Trátase, pues, de una obra desdichadísima, artísticamente considerada; mas sin que deba a esta circunstancia, el haber sido ocultada a la vista del público, sino a un motin popular ocurrió en Santiago la noche del 24 de diciembre de 1822.

Ignoramos las verdaderas causas de la ruidosa manifestación pública, y de los desafueros cometidos por el populacho en la citada “nochebuena”; pero puede atribuirse su origen al ciego encono de las pasiones políticas entre realistas y constitucionales.

Aquella imagen de Cristo fue apedreada y escarnedida por turbas desenfrenadas e inconscientes que escribieron, con tamaña demasía, una triste página en los anales de la católica Compostela.

Ni aún previas diligencias se incoaron entonces que sepamos, para instrucción de proceso, limitándose es ayuntamiento a disponer (13 de febrero de 1823) “se oficie a los Sres. Gobernadores del Arzobispado, manifestándoles lo muy conveniente que sería mandar retirar el crucifijo que está colocado en el soportal del edificio Seminario, para precaver los desacatos que se han observado y que, tal vez se repetirá en un sitio que es de obscenidad e inmundicia; siendo muy poco conforme permitir que las imágenes se hallen en semejantes sitios”.

A la caída del régimen constitucional y restablecido el Ayuntamiento realista del año 20, alzóse en su seno la voz del Procurador Personero, el letrado Don Salvador Bodaño y Gil, para que no se dejase impune, “el sacrilegio y judaico atentado”, cometido en la noche del 24 de diciembre de 1822.

No se mostró remisa a esta excitación la Alcaldía de antiago; y a poco de enviar testimonio de las instruidas diligencias a la Sala del Crimen de la Audiencia de Galicia, comunicósele (14 de enero de 1824) auto de la misma, mandando “que obre y proceda en dicha causa con toda actividad y arreglo a derecho, procure averiguar quienes han sido los que cometieron el crimen, y que el Ayuntamiento, para evitar que en lo sucesivo se comentan excesos de igual naturaleza, disponga que en el sitio en que se halla colocada la imagen del santo Cristo, se ponga una reja, para que por este medio está mas preservada”. Al reiterarse dos años después este último mandato, acordó el municipio (22 de julio de 1826), “se conteste, que la efigie del Santísimo Cristo no es propiedad del Ayuntamiento y según noticias, corresponde al Semonario de donde se le pone el alumbrado diario de noche”.

Como haya terminado el proceso, es cosa ignorada. Sin duda por haberse incoado tardíamente, silencióse o fue objeto de sobreseimiento.

La maltratada efigie, habíase ya reparado por un D. Ignacio García que se titulaba escultor, a quien se pagaron cien reales por la restauración.

Hacíase esperar una función de desagravios; y en 28 de enero de 1826, el Secretario de Cámara del Arzobispo, pasó oficio al Concejo en que decía: “Para desagraviar al Señor de los ultrajes que ha recibido la noche del 24 de diciembre de 1822, en su imagen colocada en el pórtico de este ilustre Ayuntamiento, y de las innumerables ofensas que se le hacen con pretexto de diversiones profanas en este tiempo de Carnaval se ha dispuesto una solemne función a que se dará principio el domingo próximo, 29 del corriente, a las tres de la tarde, con una procesión que saldrá de la iglesia de San Miguel, llevando en triunfo la imagen de nuestro Salvador crucificado a dicho pórtico, para que las almas piadosas que asistan, tengan el consuelo de adorar a su Redentor en la misma imagen y sitio en que fue ultrajado, hasta la capilla General de ánimas, en la que seguirá un novenario que concluirá el martes de Carnaval; y el miércoles de Ceniza, por la tarde volverá en procesión la Santa Imagen por los mismos términos, a dicha iglesia de San Miguel”.

En los tres años siguientes reprodújose la función de desagravios. Después … a la efigie del “Cristo del Consistorio”_, pobrísima escultura, que una infeliz mano “restauradora” concliuyó de maltratar en 1823, ocultándosela a la vista en su modesto camarin, sin que alma piadosa volviese a descubrirla.

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Felipe I el Hermoso en Santiago

De Flandes con rumbo a España, salieron a principios de enero de 1506 la princesa dona Juana y su esposo el Archiduque de Austria, D. Felipe, para tomar posesión del trono de León y Castilla, vacante por la muerte de doña Isabel la Católica. Mas, una furiosa tempestad que dispersó las naves, obligoles a refugiarse en Inglaterra; hasta que tres meses después, reparada la flota, se hizo a la vela, arribando felizmente a La Coruña el 28 de abril. Allí permanecieron unos días los regios consortes; y decidiéndose venir a Santiago, entraron en esta ciudad “víspera de Sancti Spíritus” acompañándoles, entre otros magnates, D. Juan Manuel privado de D. Felipe y los obispos de Badajoz y Catania y una fuerte escolta.

Durante su breve estancia en Santiago, hospedáronse en la casa que el Doctor Beltrán abogado del Concejo y del Cabildo y persona, al parecer de gran relieve social, habitaba en la Rúa del Camino, tal vez el antiguo edificio que se llamó Casas Reales y que, tiempo andando, sirvió para diferentes menesteres. (1)

Las nicas noticias, harto diminutas, referentes a los agasajos que se hicieron a los Príncipes, ofrécenlas, no precisamente los consistorios o Acuerdos del Concejo de 1506 sino los de dos años después, y limítanse a órdenes de pago de cantidades con aquel motivo invertidas, o sea en el “baldaquín” o palio de rica tela de brocado; en los pendones con las Armas Reales y acaso también con las primitivas de la ciudad concebidas por el rey D. Pedro (“un Santiago a caballo y ocho leones en la orladura”); en los “doce toros” traídos de comarcas montañosas del país por el gremio de carniceros, para ser corridos por improvisados diestros, en la plaza del Obradoiro; y por último en una fuente de vino “tinto ullao” (2) en la misma plaza, como coronamiento de los públicos regocijos y confortativo obsequio a los espectadores de la lidia.

No podrá atribuirse a otra cosa que a escasez de fondos, la circunstancia de que los pagos de gastos hecho a mediados de 1506 no se hubiesen realizado hasta 1508. Por acuerdo tomado en Consistorio de 16 de enero de este último año, mandóse que Alonso de Vilachá, arrendatario del portazgo de esta ciudad pagase 4.225 maravedises a los carniceros Gonzalo Rucio y Alonso Vello, “para que les paguen a los otros carniceros, a cada uno como se le debiere, por azón de los doce toros que se corrieron en esta ciudad al tiempo que en ella entró el Serenísimo Rey Don Felipe, que haya santa gloria”.

Diose orden de pago, igualemente a favor de la “mujer de Juan de Vigo, pedrero e a su hijo como su heredero, de 2.1290 maravedises por razón del vino tinto ullao que se gastó en la fuente de la plza del Obradoiro al tiempo que se corrieron los toros en presencia de sus Altezas”.

“Que se de libramiento de seiscientos maravedís del pintar e fazer de los pendones de las Armas Reales e comprar las lanças para el pano con que se fizo en el recibimiento e para los dichos pendones”.(3)

En el Archivo del Cabildo consta solamente que en el celebrado el 9 de agosto de 1506, se mandó pagar “quatorce doblas douro a San Romao mercader, del pano colorado que compraron al dicho San Romao para las capas de los moços de candeleros cuando vino el Rey e la Reyna”

No quisieron desperdiciar los compostelanos la propicia ocasión que se les presentaba para obtener la confirmación de sus privilegios, libertades y exenciones; y el primero de junio personáronse, con los cuatro notarios de número de la ciudad en la casa de morada del Dr. Beltrán – alojamiento de SS.AA. – los Alcaldes ordinarios Fernando Rodríguez y Juan Cachinas, los regidores Pedro Siso, Fernando de Treviño, Sebastián de Balboa y el Bachiller Bernardino de Acevedo y el Procurador General García Lorenzo Porra; y después de las ceremonias de ritual, dirigió al Príncipe la siguiente alocución:

“Muy alto e poderoso nro. Natural Rey e Señor: esta ciudad de Santiago, con todo el Reyno da muchas gracias a Nuestro Señor ansy por librar como libró la Real Persona de Vuestra Alteza con todo su ejército de peligro e tempestad de la mar, como porque en la primera entrada que hizo en estos sus Reynos, lo aportó en lugar donde fácilmente podiese visitar este glorioso apóstol, lo cual muy poderoso Señor de misterio no carece porque creemos y esperamos, ansy como le salvó e guió por la mar fasta aqui, será su patrón y defensor y le terná debajo de su guarda y amparo en la tierra; y pues a esta su ciudad han seydoconzedidos muchos privilegios, libertades y franquezas e confirmados por los Reyes de gloriosa memoria progenitores de vuestra Alteza que de España han seydo, por los muchos y muy leales servicios que cada uno de dichos Señores Reyes en su tiempo desta ciudad recibió, lo cual asimismo al presente vuestra alteza ofrecemos, humildemente le pedimos y suplicamos nos quiera confirmar los dichos privilegios, libertades, essenciones, franquezas, buenos usos e costumbres, en lo cual alliende que vuestra Alteza hará servicio a Dios y a este glorioso Apóstol, anosotros hará muy señalada merced…”.

Obtenida la solicitada confirmación, levantose acta notarial que íntegra, puede verse en el tomo II (página 190) de Fueros Municipales de Santiago y de su Tierra, por López Ferreiro y en el Libro de Consistorios del Concejo de los años 1502 a 1514 (fol. 91).

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(1) A saber: Archivo de la Audiencia y de la Junta del Reino de Galicia; asilo de niñas huérfanas desamparadas, teatro, hospedaje de significados irlandeses etc, hasta que a fines del siglo XVIII, fue derribado para ser erigida en su solar la capilla General de Ánimas.

(2) Procedente de la comarca llamada del “Ulla”.

(3) Archivo Municipal de Santiago, Libro de Consistorios de 1502-1514; fol. 35.

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El Hospital de San Roque

Fundado en 1578 por el Arzobispo compostelano D. Francisco Blanco para los pobres de diócesis que padeciesen el mal de “bubas e nascidas” – extraña enfermedad, muy extendida en Galicia en parte del siglo XVI -, a los cinco años estaba completamente terminado el edificio, cuya inauguración tuvo lugar en abril de 1583. Así se declara, con otros interesantes particulares, en información recibida en marzo de dicho año, ante el Alcalde de Santiago Gil de Valenzuela, a instancia del Canónigo Penitenciario Dr. Palacios, primer administrador del benéfico establecimiento, (1)

Uno de los testigos, Gaspar de Arce “maestro de la obra de la Iglesia Mayor del Sr. Santiago”, de edad de cuarenta y cuatro años a la sazón, autor de la traza del susodicho ohospital, declaró: “que sabe y vió por vista de sus ojos, que D. Francisco Blanco, Arzobispo y señor que fue de dicha Santa Iglesia y Arzobispo de Santiago de buena memoria (2) fundó y dotó en esta ciudad y a la puerta de Santa Clara della, un Hospital que se dice del Señor San Roque, y el testigo que es muy suntuoso e en el hacer y edificar del, se ha gastado mucha suma de maravedís, en el cual dicho Hospital de San Roque se han de curar todas cualesquiera personas, ansi hombres como mujeres que tengan enfermedades de bubas y otras contagiosas; y tiene por entendido que, según el efecto para que se hizo, han de venir y ocurrir a él gran número de enfermos de las dichas enfermedades, por ser como son muy ordinarias y corrompidas en esta ciudad y Reino de Galicia y en él, conforme a las constituciones del fundador, ha de haber muchos servientes, botica y médicos asalariados, de lo cual, dice el testigo, resulta un beneficio general público e provechosísimo a esta ciudad y a todo el Reino de Galicia, y a otras muchas partes y reinos de donde a la dicha ciudad y glorioso Apóstol Señor Santiago, vienen en romería, que muy de ordinario se ve que acontesce veniren enfermos de las dichas enfermedades, que a no hallar remedio y cura para ello gratis, sería morirse y echarse a perder y contaminar a otras muchas personas sanas por no tener dinero ni aparejo para se poder curar; y aun en muy particular sucede el dicho provecho a muchas personas pobres particulares; y el testigo dice que es muy notorio y cierto que este presente año y mes de abril que viene, es el principio y la primera vez que se ha de empezar y rescibir los enfermos en el dicho Hospital y a curarlos, porque sabe que todo el recaudo para ello ya está aparejado para el mismo efecto.

Que él, como dicho tiene, como tal maestro de la obra del Señor Santiago, dio la traça y orden como el dicho Hospital de San Roque se avía de hacer, en el cual se hizo un aposento particular para efecto de que el administrador que del dicho Hospital es y fuere a lo adelante pueda vivir y viva dentro del dicho hospital”.

Y termina el testigo Arce, haciendo ver la conveniencia de incorporar al edificio la huerta inmediata al mismo llamada de la “Rubiela”, que el Cabildo tenía dado en foro a los herederos del racionero “Rubiel”, por existir en dicha huerta un gran estanque con agua suficiente para el lavado de ropas de los enfermOs y para otros servicios del hospital.

A medio de público instrumento, ante Alonso Vázquez Varela el administrador, Canónigo Palacios, convínose en 30 de agosto del mismo año de 1583, con Juan Bautista Gorchulo, siciliano, mercader, vecino de Santiago, en que éste había de traer de Sevilla, para el referido hospital, quintal y medio de zarza de Hunduras, nueva y buena sin ser corrompida, a precio cada quintal de cuatrocientos cincuenta reales, e cinco quintales de pasa de sol de Almuñecar a precio de sesenta reales cada quintal; diez arrobas de almendra, con la cuarta parte de la ganancia… todo bueno a vista del licenciado Antonio Mercado y el maestro Alonso Romero (3), trayéndolo para Pascua de Flores primera que viene de 1584.

La importante cuantía de los artículos que de Sevilla se mandaban traer para el establecimiento a los cuatro meses de inaugurado, demuestra que el Hospital de Sn Roque de Santiago comenzaba su vida activamente y echaba los cimientos de la fama que llegó a alcanzar, nunca decrecida.

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(1) Ocupa dicha información los folios 204 y ss. Del protocolo del escribano Alonso Vázquez Varela, correspondiente al año 1583.

(2) Fallecido en 26 de abril de 1581.

(3) Primeros facultativos del Hospital.

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La iglesia Exconventual de Nuestra Señora de la Cerca

La amplia restauración interior de que se la hizo objeto por los PP. de la Compañía de Jesús, a cuyo cargo está desde hace pocos años, ofrece oportunidad para que le dediquemos un recuerdo histórico, Erigida en el primer tercio del siglo XVII por los frailes Agustinos de Arzúa, conservó la iglesia por mucho tiempo el título de “Nuestra Señora de la Cerca”, nombre de la ermita que allí existió (al pie de la “cerca” o muro de la ciudad) y que , para la erección del nuevo templo y casa conventual, fue concedida a dicha Comunidad en 1617 por el Arzobispo D. Juan Beltrán de Guevara.

Si bien las obras del convento comenzaron en 1618, tardose bastante tiempo en emprender las de la actual iglesia, para la que dieron planos en 1633 Francisco González de Araujo y Bartolomé Fernández Lechuga, sucesor a la muerte de aquel en 1634, en el cargo de maestro de obras de la Catedral, con el sueldo anual de cuarenta ducados y “tres reales diarios de jornal de su persona”.

Acaso en la montea se comprendiese la cripta para enterramiento de los Señores de la Casa de Altamira, según lo condicionado en la escritura fundacional del patronato del convento, otorgada en 13 de diciembre de 1632.

Diez años más tarde, continuaban aún las obras de la iglesia, pues, entre otras contratadas en 900 ducados por Jácome Fernández en 10 de marzo de 1642, a testimonio del escribano Martín Becerra comprendíanse “la media naranja con sus fajas y artesones, el cañón de la bóveda principal y los arcos torales”.

Dentro de su sólida construcción y de su amplitud, nada de extraordinaria importancia ofrece el templo desde el punto de vista artístico; acusando, sobre todo en lo exterior, la época de la decadencia del arte. Bastante posterior es el claustro, y más lo es aún la amplia escalera y la puerta de ingreso al tramo principal del edificio, una y otra trazadas y dirigidas por el arquitecto D. Juan López Freire “el menor” en 1791, según inscripción que sobre la misma puerta se lee.

A cargo del entallador Juan de Bascoas estuvieron en 1628 (escritura en 17 de enero ante Pedro das Seixas) las obras del retablo para el altar de Nuestra Señora de la primitiva iglesia. Tendría aquel de ancho, diez y siete palmos, y de alto veinte y seis, tres de los cuales “han de ser con frontispicio., para la bufarra o lumbrera, de modo que el cornisamiento y el último cuerpo no han de pasar de la bufarra, arriba”.

Columnas pareadas de orden corintio flanquearían la custodioa o caja central del primer cuerpo. “       Las columnas grandes de los lados han de ser estriadas, y los tercios de abajo han de ser en punta de diamante y los capiteles compósitos”. El retablo sería de madera de castaño y nogal: por eta obra recibiría Bascoas 200 ducados y daríala terminada en el plazo de un año.

No sabemos a que artista se encomendó el retablo mayor de la actual iglesia.

De la especial devoción que los santiagueses tenían a Nuestra Señora de la Cerca, cuya efigie se ve en la fachada barroca del templo, y de los desperfectos que el edificio sufrió en 1788, danos idea la siguiente representación elevada por el Concejo al Monarca en 8 de marzo del referido año:

“Señor, esta ciudad penetrada del más vivo dolor y sentimiento hace presente a V.M. que en la noche del día 28 de febrero próximo, en una de las tronadas que son frecuentes y fatales por sus repetidas desgracias, en esta población, disparó una nube de las más malignas un rayo y varias centellas, y dio aquel contra el remate de una de las torres del convento de San Agustín, a cuyo impulso y a larga distancia se exparcieron como otras tantas balas de cañón. Sobre alas casas de los vecinos de toda aquella manzana, las piedras que escarchó y deshizo el rayo en el reate y balconada de dicha torre, causando otras ruinas y entre ellas, la muerte de una persona muy cristiana, que habitaba en una de las casas inmediatas, a quien hirió en la cabeza una de las piedras del mismo remate”. (1)

Sin embargo, entre zozobras y justos temores, continuaron estos santos religiosos todos los días en los oficios divinos e instrucción de la doctrina cristiana y más exercicios de piedad, hasta que en la noche del quatro del corriente, a la hora de diez y media, y mediando ya cinco días, cayo toda la torre, arruinándose por las varias roturas que le había hecho aquel mismo rayo y deshizo por la una faz todo el coro y parte del templo, por la otra una gran parte de la habitación de los religiosos, arruinando la otra torre, y por la faz que dice a la calle y tránsito del público, aplanó la casa vecina, donde sucedió la muerte antecedente; y se atribuye a prodigio el que no se hubiesen seguido muchas en esta segunda fatalidad.

Esta misma torre ha sido batida en otras tempestades, de iguales acontecimientos, y no hace muchos años que se reparó de la ruina que causó otro rayo en el pilar del remate, causados unos y otros, acaso de la electricidad de la cruz de hierro que coronaba la torre, y de las muchas campanas que tenía.

No puede esta ciudad mostrarse indolente en un caso en que ve arruinado uno de los templos más capaces y suntuosos de su población, el mismo donde se venera la milagrosa imagen de su Patrona titular, Nuestra Señora de la Cerca, y donde celebra sus funciones Reales y votivas.

Tiene entendido que estos religiosos Agustinos, mendicantes y pobre recurren a la Real piedad de V. M. para el reparo de la ruina que padecen, sin iglesia para el sacrificio del altar, y sin coro para alabar al Dios Omnipotente y al mismo tiempo interpone esta ciudad su reverente y humilde súplica a fin de que V.M. les oiga con su Real y acostumbrada piedad, para la conservación de este convento y bien espiritual que resulta a las almas, de la vida activa con que en el día se emplean sus individuos… Y rinde con la mayor fidelidad a v.m. todos sus respetos…” (2)

Diole grave fama entonces Fray Plácido Camiña, maestro de obras del monasterio de San Martín de Santiago, el haber puesto en su aplomo las paredes laterales del claustro del convento de la Cerca usando para ello de una máquina tormentaria de su invención, que mereció los elogios de la Academia de San Fernando. (3)

Por Real Despacho de 20 de octubre de 1788 concediose permiso a la Comunidad para que, por término de un año, y por medio de sus religiosos, pudiese pedir limosna en los obispados del reino de Galicia, para las obras de reparación de su iglesia y convento.

Que los Padres Agustinos no pudieran realizar la completa restauración de aquella desde el citado año de 1788, bien lo demuestran las dos maltrechas torres, de que existe solamente el primer cuerpo de una de ellas. Dada la situación del edificio destácase sobre los de la ciudad vista desde las cercanías, ofreciendo aspecto de fortaleza o de castillo señorial.

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(1) La víctima fue una pobre mujer que descansaba en el humilde lecho se su vivienda.

(2) Archivo Municipal Libro de Consistorios del 2º semestrtre de 1788; fol. 306.

(3) Murguía: El Arte en Santiago durante el soglo XVIII.

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La Plazuela de Platerías. Lugar Sagrado.

Al aproximarse en 1739 la época de Carnestolendas, el Alcalde de Santiago, D. Simón Manuel Ochoa de Tejada, dictó un bando (13 de enero), previniendo que en aquellos días “nadie se propasase a tirar piedras, naranjas, limones, huevos ni otra cosa con se haga daño; y los que lo contrario hicieren, serán presos, declarados por vagabundos y mal entretenidos y conducidos a la plaza de la Coruña, para desde ella, ejecutarlo a la de Orán”.

Hallándose en Santiago, a la sazón, fuerzas del Regimiento de Dragones de Batavia, se solicitó de su coronel D. Francisco Chauteausfort y este facilitó patrullas de soldados que habrían de encargarse de velar por la fiel observancia de aquella medida de orden. Una ligera infracción de la misma, fue motivo ocasional para llegarse a reconocer por modo indubitable que la plazuela de Platerías, era desde antiguo, lugar sagrado o de refugio para delincuentes, dentro de cuyo recinto no podían ser estos detenidos por la Justicia seglar, sin incurrirse en severas censuras eclesiásticas.

A una mujer funánbula, que en la tarde del martes de Carnaval (10 de febrero) de año susodicho, hacía ejercicios sobre una cuerda, en la plazuela de Altamira, arrojáronle agua desde una casa, Por consecuencia del intencional bautizo, tan del desagrado de la volatinera, promoviose un pequeño escándalo y fue detenido un individuo llamado Pedro Escobar, guardia de la Renta de Tabaco, el cual públicamente, había hecho “burla de la madama” según frase de un testigo. Cuando entre la patrulla de Dragones, que lo llevaba a la “Torre de la plaza” (1), pasaba por las Platerías, una vez que salió de un grupo, indicóle que se hallaba en lugar sagrado y que a él se acogiese, Deprendiéndose Escobar de sus aprehensores, arrojando la capa al suelo, subió rápidamente las escaleras de acceso a la Catedral y exclamando: Favor a la Iglesia, penetró en el templo con un eclesiástico que se hallaba a la puerta. Quisiéronle seguir los soldados de la patrulla, pero impidióselo una lluvia de piedras que sobre ellos comenzó a caer desde lo alto de la plazuela, resultando algunos lesionados; no tardando la fuerza en retirarse, después de conferenciar con el Dean, un ayudante de Dragones que había acudido al tumulto. Diose parte inmediatamente de lo courrido, al Alcalde Ochoa de Tejada, y por este comenzáronse a instruir activas diligencias que no tardó en reclamar el Gobernador y Capitán General de Galicia, Conde de Itre, al tener conocimiento del suceso.

Depusieron varios testigos, haciendo relación de los hechos, según los habían presenciado, recibiéndose asimimismo declaración a los plateros Antonio de Sanmamed y Salvador Nuñez, quienes manifestaron que las siete tiendas de las Platerías, mandadas fabricar por el Arzobispo D. Maximiliano de Austria (principio del siglo XVII) estaban consideradas desde antiguo como lugar sagrado, lo mismo que el terreno de la plazuela, todo alrededor de la fuente, y que las covachuelas de la Azabachería, aún cuando la citada plazuela de las Platerías se vendiían pepinos, melones tomates y otros artículos; y que en varias ocasiones se habían refugiado allí reos que iban presos “y no se les sacó, por el goce de dicha inmunidad”.

Reconocido el archivo de la cofradíua de San Eloy (plateros), de que era mayordomo a la sazón Alberto Pérez de Ibias, testimoniaronse dos informaciones recibidas en los años de 1655 y 1663, por consecuencia de unas detenciones verificadas indebidamente en las tiendas de las platerías, y en que depusieron, entre otros testigos, Bartolomé Redondo, Isidro de Guzmán, Francisco González, Bartolomé de la Iglesia y Pedro Fernández, orfebres que trabajaban en dichas tiendas.

Declarose en aquellas informaciones, que en tiempos atrás, “desde unos pilares que estanabaxo de la escalera en la calle que va derecho a la plaza del Hospital, había una cadena de hierro por donde se dividía lo que era lugar sagrado de las cadenas adentro”, como lo era también la plazuela de las Cambias, a la entrada de las Casas Arzobispales; que en la de Platerías, hubiera sepulturas antiguamente; y que “en cuanto a beber las bestias en la fuente que está en dicha plazuela, no impide el dejar de ser sagrado, porque la necesidad carece de ley; y en muchos lugares del Arzobispado hay fuentes en los cementerios y en ellas van a beber todo género de animales”.

Sacose testimonio igualmente de autos obrados en el año de 1537, por virtud de representación que al Arzobispo D. Pedro Sarmiento elevaron Alonso Méndez, Pedro Varela y Gregorio Fariña, en nombre de la cofradía de los plateros, para que se declarase como lugar sagrado la plazuela de las Platerías; exponiendo “como podrá haber treinta años poco más o menos, que las casas que ahora al de presente (1537) están fabricadas en la Platería de la dicha ciudad, se quemaran e al tiempo que se ardieran, estaba una cadena de hierro que señalaba la dicha platería ser lugar sagrado por estar junto a la Santa Iglesia de Sr. Santiago y dentro de las cuarenta pasadas que el derecho permite e le daba para que fuese tal simiterio e lugar sagrado”.

Recibida la solicitada inforamciójn, el provisor del Arzobispado, Cardenal D. Pedro Gómez Salazar, resolvió en estos términos,: “Visto este pedimento e información hecha por los plateros de esta ciudad, fallo que debo declarar e por esta mi sentencia declaro, la plaza de la Platería de esta dicha ciudad haber sido e ser lugar privilegiado e sagrado, e declaro las personas que estuvieren en dicha plaza e lugar, deban y puedan gozar de inmunidad eclesiástica según que gozan los que se acogen a lugar sagrado y como tal mando de aquí adelante sea guardado e tenido. E ansi lo pronuncio e mando, estando haciendo audiencia en la dicha ciudad de Santiago a treinta y un días del mes de julio de mil e quinientos e treinta e siete años”. Remitiose copia de todo lo obrado al Gobernador de Galicia, Conde de Itre; pero el asunto, fue, al parecer, objeto de tácito sobreseimiento; sin que aquel ni el Alcalde, Justicia ordinaria de Santiago, intentasen ejercer su acción contra Pedro Escobar, a truque de verse sometidos a los efectos de una fulminación anatemática…” (2)

En 1773 redújose el número de los lugares de asilo o refugio para los delincuentes. Noticioso Carlos III de que muchos reos lograban la impunidad de sus delitos, por la facilidad que tenían de refugiarse en tales lugares, dado el gran número que de estos había en todas partes y considerando el grave perjuicio que se seguía a la quietud y seguridad pública, consiguió un Breve de Su Santidad Clemente XIV (12 de septiembre de 1772) cometiendo a los Ornarios Diocesanos la reducción de aquellos de aquellos asilos, a uno o dos en cada pueblo.

Por consecuencias de dicho Breve,  y en virtud de Real Cédula para su cumplimiento, fechada en El Pardo a 13 de marzo de 1773, el Cabildo de Santiago (Sede Vacante), dio un Edicto – que el Conjo mandó publicar par bando real – señalando y destinando para lugares de asilo y refugio de delincuentes, en esta ciudad, la Santo Iglesia Catedral y la de la parroquia de Santa María Salomé.

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(1) Fue la primitiva cárcel de Santiago y estaba pegada a la muralla de la ciudad, es parte del sitio que hora ocupa el Palacio Consistorial.

(2) Archivo Municipal, Libro de Consistorios del primer trimestre del 1739; fol. 2012, 220v y 397 y siguientes.

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El Toral. Historia de una fuente

No vamos a inventar tradiciones ni seguir las huellas de ciertos etimologistas modernos que, queriendo transportarnos a los tiempos en que el magister dixit era la fórmula suprema para el pueblo cándido e ignorante , dieron muy frescamente, con tono magistral, caprichosas interpretaciones a antiguos nombres de calles de la urbe compostelana, que cuales los de Bonaval, Franco (1), Basquiños, etc tan propicios encontró sun fantasía para aderezarlos a placer en forma legendaria. (2)

Si nuestro Toral antiguamente “Toural de Faxeiras”, no se hubiese escapado a sus lucubraciones etimológicas, nos dírían sin duda, que remoto tiempo fue lugar destinado a correr toros, o que existió allí un campo de feria para el ganado bovino, o en fin, ya en vía de arresgadas acepciones, que viniendo Toral del latón torus (lecho), ha sido en época lejana, lugar de refugio nocturnos de peregrinos….

Pero rehuyendo del terrono conjetural, y apartándonos de sus escabrosidades, habremos de limitarnos a hablar de la fuente allí erigida hace un siglo.

Ya en 1584 (30 de mayo) pedía el Procurador General en el seno del Municipio, se dotase de una fuente a la “plaza de Toural de Faxeiras”, pero la indecisión mala consejera que en esta y otras cosas, solía adueñarse de la voluntad de los señores Justicia y Regimiento, no permitió que se realizase la solicitada mejora, a pesar de contarse para ello el eficaz concurso de una parte del vecindario.

Y en vano fue, igualmente, que a los dos años, otro miembro del Concejo, propusiere a sus compañeros (8 de mayo de 1586), “manden proveer como se haga la fuente del Toral de Faxeiras que está pedido e mandado azer e que se cobren los dineros que los vecinos ofrecieron para ello e que los quieren dar e piden se haga allí la dicha fuente”.

Sepultado el asunto en el panteón del olvido, por espacio de ciento setenta años hízolo resurgir  en 1757 el Alcalde, D. Jose Ignacio de la Vega y Calo, quien, de su particular peculio, y con la cooperación de otros generosos vecinos, se ofreció a costear las obras de cañería y fuente en la plaza del Toral, “para la que la ciudad tiene dado su permiso desde ha muchos años”, proponiendo a este fin, se llevase por de pronto a la nueva fuente, el agua de la de San Antonio, entretanto no se reedificaba la cañería de la de San Miguel.

Estimando el Ayuntamiento esta proposición (7 de junio de 1757) dio gracias al Sr. Vega por su celo y desprendimiento, y acordó que el agua de la fuente de San Antonio “se traslade por cañería a la que se ofrece hacer dicho Sr. Alcalde, con su pilón, a la manera que está la de la plaza pública del Campo (3) a costa suya y de los más vecinos que ofrece dicho Señor, han de contribuir a ello y mientras no se compone y fabrica la cañería de la fuente de San Miguel, para aplicar entonces a todas la correspondiente cantidad”.

No prevaleció la protesta de un regidor, y poco después (7 de setiembre) ratificose el anterior acuerdo, pero… la fuente no se hizo. Cuando veintinueve años más tarde, el Marqués de Bendaña se ofreció a costearla, con ayuda de otros vecinos de la plaza del Toral, corrió su petición análoga suerte que las anteriores, pues al acordarse (7 de febrero de 1786), “se tenga presente cuando está fabricada la cañería de las fuentes en que se está entendiendo”, no ha tenido tal resolución ulterior eficacia.

Pero, al cabo, transcurridos otros treinta y cuatro años, el pensamiento de la ansiada mejora, que se iniciara en 1584, llegó a verse realizado, después de más de dos siglos de “gestación”, (Precedente consuetudinario que , en materia de reformas de mayor o menor importancia, se ha venido respetando religiosamente en la “brúmica” Compostela).

Extinguido el Tribunal de la Fe, y reconocida de nuevo la necesidad de dotar de una fuente a la plazuela del Toral, acordose en Consistorio de 5 de mayo de 1820 que, para icho efecto, se utilizase el agua que graciosamente se había concedido al edificio de la Inquisición; que aquellas se denominasen: “Plazuela y fuente de Quiroga”, para perpetuar la memoria de este general gallego (4); y que se pidiese autorización al Jefe Político de la provincia para satisfacer de fondos municipales, los gastos que se originasen.

Obtenido este permiso, emprendiose la construcción de la fuente, bajo la dirección y con arreglo a trazas del maestro de obras, D. Agustín Trasmonte; y cuando aquella estaba ya bastante adelantada, una nueva orden de la Superioridad, dejó sin efecto la cocncesiñón hecha, que, al cabo fue confirmada ante las fundamentadas razones expuestas por el Ayuntamiento da la Junta Superior de Gobierno, de la provincia.

“El pueblo compostelano al restaurador de la constitución política den 1820”. Esta inscripción mandada poner en la fuente del Toral por acuerdo de 22 de junio de 1822, debió desaparecer cuando la reacción del siguiente año.

No sabemos que escultor hizo la estatua guerrera (Marte) que adorna la fuente, pero si que en 1834 la figura estaba mutilada o por terminar, pues en 6 de setiembre de dicho año, mandose colocar la cabeza que le faltaba.

Ante las vicisitudes por que corrió el proyecto de erección de la fuente del Toral, no será inoportuna digresión recordar que un regidor santiagués, al proponer en 1856 el ensanche de la plazuela de aquel nombre, lamentábase de que la noble emulación por mejoras públicas no se demostrase en Santiago con la misma intensidad que en obras de alguna consideración, aludiendo, tal vez, con estas frases, al influjo que las condiciones telúricas y atmosféricas del país, ejercen en el modo de ser de sus habitantes, haciendo a los de Santiago, más que circunspectos… abúlicos.

(1) Respecto al nombre de esta calle, algunos escritores lo atribuyen a la liberalidad y carácter “franco” del Arzobispo Fonseca que en aquella nació. Siglos antes de que viniese al mundo este insigne santiagués. Ya se llamaba la aludida calle “Rua da fonte do franco”. Consta así en documentos muy antiguos y entre ellos, el testamento del Cardenal Lorenzo Domínguez, hecho en 1314 (año 1276), que puede verse en el Tumbo C, fol. 44. Archivo de la Catedral.

(2) Y aquí viene a cuento recordar lo que dice Flórez en su España Sagrada (Tomo XIX. P44), después de hablar de la Traslación del Apóstol, del monte Ilicino y de la Reina Lupa; “En vista de lo cual – son sus palabras – consta la facilidad con que suele usarse el nombre de tradición y que en cosas muy remotas de que se habla sin textos que concilien autoridad, es muy fácil que el vulgo introduzca quanto se le ofrezca, y por lo mismo algunos autores poco escrupulosos, adoptan lo que les parece”.

(3) Hoy Plaza de Cervantes.

(4) D. Antonio Quiroga y Hermida, natural de San Tirso de Mabegondo (Bertanzos), murió en la casa nº 11 de la calle del Preguntoiro de la ciudad de Santiago, el 26 de marzo de 1841, y está enterrado en el cementerio de la cofradía del Rosario.

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Una escuela de Dibujo

La creada por la Sociedad Económica de 1784, pudo haber sido recibida en Santiago con entusiasmo por los artistas de aquel tiempo y prestar buenos servicios durante su corta existencia, despertando aficiones, y encauzando sus aptitudes a muchos jóvenes ávidos de instrucción; pero pronto cayó en decadencia, hasta tal punto, que un ilustre prócer gallego, el regidor compostelano D. Pedro María de Cisneros, Conde de Jimonde, hubo de tomarla bajo su amparo, dándole nueva organización e instalándola en una casa de su propiedad.

Su primer proyecto consistía en reconstruir la que, desde algunos años atrás, venia sirviendo para coliseo en la Rúa Nueva, destinando parte del edificio a escueal de dibujo, y para sostenimiento de la misma, los producros del teatro. Formó, al efecto, los planos correspondientes, y al presentarlos al Ayuntamiento en mayo de 1804, decíale:

“Penetrado de las ideas que el amor a las Bellas Artes inspira, y animado de los sentimientos que el celo del bien público, comunica, tengo proyectado el establecimiento de una escuela gratuita de dibujo en esta ciudad, bajo la aprobación y conforme al sistema de planos que presento.

La empresa a primera vista, parece ardua y difícil, considerando los obstáculos que se oponen a los establecimientos útiles y la momentánea subsistencia de todos los que en flor hemos visto perecer en nuestros días, con harto dolor y sentimiento de todos.

Pero, si bien se considera, el proyecto realmente es fácil y asequible, atendidos los buenos deseos de algunos señores capitulares, los esfuerzos de los buenos patricios, el genio pintoresco (sic) de los naturales, la necesidad de este establecimiento, y las utilidades ventajosas del nuevo coliseo.

Si esta idea merece aprobación, seguramente me prometo que se reunirán todos los votos de los amantes de la patria, y con ellos, dos establecimientos en esta ciudad, propios de su grandeza que mutuamente se sostengan y perfeccionen para utilidad del público y gloria de la Nación que así lo desea.

En la “Instrucción del proyecto”, que el Conde acompañaba a su instancia, exponía entre otras cosas, que los fondos para sostener la escuela “deberían salir del producto de su Teatro, viviendas y cuadras, con lo que se pagarán los salarios de los maestros, coste del alumbrado, y lo restante servirá para extinción del capital y sus réditos”. Y añadía: “La dificultad está en juntar el caudal necesario para comprar el terreno que falta y construir la obra que se necesita para este objeto… De dos modos me prometo contribuirán mis compatriotas a este proyecto; el uno por vía de empréstito y en calidad de reintegro, cobrando los intereses que se estipulen, hasta la extinción del capital”.

Acerca de todo ello informaron al Ayuntamiento los regidores D. Juan Francisco Javier Somoza y don Domingo Paz de Andrade, en estos términos: “… Conoció V.S.I. la necesidad que tenía Santiago de un Teatro; y a fuerza de no pequeños afanes y desembolsos, logró uno, aunque no sea sino provisional por ahora, correspondiendo tan completamente las consecuencias con las esperanzas, que se logró la inocente diversión y no pequeña instrucción, hasta de los más desocupados, con harto contento mismo del pueblo.

También ha conocido V.S.I. y aún ha llorado la extinguida escuela de dibujo de nuestra efímera Sociedad Patriótica, en la que los mismos niños que salían de la de aprender a escribir, se formaron de tal modo en los principios del dibujo, que los que pasaron a perfeccionarse en él a Madrid, fueron la admiración ed los más versados de esta gran capital de la Nación. ¡Y cuantos cuantos muchachos y aún adultos, no se pierden dolorosamente en Santiago por defecto de estos y de otros semejantes establecimientos; mayormente cuando Santiago, por su población y genio, pudiera producir las más raras habilidades capaces de admirar en estas y otras Artes, a Roma, París y Londres, donde se cultivan de un modo que toca al punto del entusiasmo en delicadeza, gusto y perfección¡

V.S.I. lleva dado las gracias al Sr. Conde de Jimonde, y se las dio, sin dudas, porque le son debidas y ha conocido el mérito del proyecto. Y nosotros también sentimos: lo 1º que deben repetírsele como restaurador de un bien perdido; lo 2º que los planos que trabajó su genio infatigable, por su grandiosidad y buen gusto, son previamente dignos del conocimiento e inspección de nuestra Real Academia, y lo 3º que el mismo Sr. Conde, es él solo capaz de poder llevar a cabo en todas sus partes, el loable proyecto que da motivo a este informe”.  Al hacerlo suyoel Ayuntamiento (29 de noviembre de 1804), acordó la devolución de los planos, “para que inteligenciado, pueda disponer el examen y censura de la Real Academia de San Fernando, con la aprobación del Consejo”.

Los nobles y laudables propósitos del Conde, estrelláronse contra la general indiferencia; mas aunque esta no le dejó ver realizado su magno pensamiento, decidiose a establecer la escuela de dibujo en una casa de la Rúa Nueva adquirida al efecto. (1)

A principios de enero de 1805 dictó y presentó al Municipio un reglamento para dicha escuela, redactado en estos términos:

“Todo alumno, luego que llegue a la puerta de ella, sacará su capa o capote y lo echará sobre el brazo izquierdo; con la mano derecha sacará el sombrero o montera y dirá: Alabados sean los Nombres de Jesús y María. Se irá en derechura al puesto que se le haya señalado, con la modestia que le es propia de aquel sitio; y por la parte de abajo del suyo, colocará dichas prendas en la traviesa que tiene la mesa.

Se mantendrá allí derecho, silencioso, hasta tanto que el Señor Maestro que presida la Escuela, empiece el primer acto de ella, que consistirá en rezar después de un cuarto de hora que en la Catedral toque a oraciones, tiempo en que dará principio la Escuela, para que lo haya de encender y concurrir los alumnos, arrodillándose todos, cada uno en su sitio, y dicho preseidente rezará las tres Aves Marías, a coros, un Padre Nuestro al Ángel de la Guarda y Santo de nuestro nombre, para que nos asista en todos nuestros trabajos y tribulaciones; otro por la cárcel del Purgatorio y otro por los que contribuyen a este establecimiento. Y concluirán diciendo la siguiente oración: Ofrezcoos Dios mío el trabajo que voy a emprender; bendecidlo Vos, si fuese de vuestro agrado, Amen.

En seguida, cada alumno se pondrá a su tarea de Dibujo, según se le haya preceptuado por el Maestro o Director, sin la menor réplica, pues por la primera vez será monestado, a la segunda castigado con la pena pública que allí estime dicho señor opr conveniente; como poniéndole de plantón al medio, de rodillas etc; y a la tercera será despedido para no volver a ser admitido,

Ninguno se saldrá de su sitio desde que entre, por pretexto alguno, pues por allí vendrá prevenido de todo lo necesario, como es papel, carbones, lapicero, puntas afiladas etc

Jaás hablará con sus compañeros, pues no es justo les perjudique en su aplicación, y al que lo haga se seguirá la regla y pena arriba prescipta.

El que faltare a la Escuela doce veces, a no ser por enfermedad o ausencia precisa se le tendrá por excluso y despedido.

De concluidas las dos horas de tarea, se volverán a arrodillar todos como al principio, y el señor Director o Maestro les dirá la deprecación siguiente: Os adoramos, oh Dios mío, que estais aquí presente; os alabamos; os amamos y reconocemos como a Padre que sois de misericordia y principio de todo bien, Y sigue y termina la oración de esta manera: Sea cumplica, alabada y eternamente exaltada la santísima, altísima y amabilísima voluntad de dios en todas las cosas, Amen.

Se levantan los alumnos, toman sus cubiertas del sitio ya dicho y cada uno saldrá por su turno, sin tropezar y con la modestia que es propia”.

Visto por los miembros del Concejo en Consistorio de 5 de enero de 1805 “el reglamento que el Sr. Conde de Jimonde ha formado para la escuela gratuita de Dibujo que su celo y aor a la Ptria, con beneficio de las Bellas Artes, desea se establezca en la casa que adquirió inmediata a la que sierve de coliseo en la rua nueva, acordaron repetir gracias a dicho señor por la prosperidad que de ella resultaráa esta ciudad, proporcionando una enseñanza de que se carece, con utilidad de los jóvenes y profesores, como del Estado, mediante lo cual se aprueba su proyecyo, los alumnos observen cuanto se prescribe en el citado reglamento… se espera del amor a los vecinos, cuerpos y comunidades, contribuyan con sus auxilios…”. (2)

La escuela, conforme a los propósitos del fundador, debio inaugurarse el 2 de febrero de 1805. Sgún actas levantadas en la misma el primerao de noviembre de dicho año y el 20 de junio de 1806, suscritas por el alcaldel más antiguo, un regidor, el canónigo D. Pedro Antonio Sánchez, el cura párroco de Santa María Salomé y el Conde de Jimonde, consta con otros particulares, que este dio para la escuela, 94 cuadros, aparte los 59 que habían sido de la Sociedad Económica; que el canónigo Sánchez regaló la cartilla de Enguidanos y otros papeles de principios y adornos y 18 lapiceros para optros tantos alumnos pobres, contribuyendo además con 96 reales al mes para alumbrado, servicio al que asimismo contribuían los alumnos pudientes con dos pesetas mensuales.

Eran profesores de la escuela los arquitectos Don Melchor y Don Manuel de Prado, D. Ramón Pérez Monroy, el pintor D. Plácido Fernández, el platero y grabador D. Luis Piedra y D. Francisco de la Peña; y el número de alumnos (de que hay relaciones nominales por parroquias) ascendía en primero de noviembre, a treinta y nueve en la sala primera de principios y a veinte y dos en sala segunda. (3)

Conferida en 1808 por el Reino de Galicia su representación en el seno de la Junta Suprema Central al Conde de Jimonde, en unión de D. Manuel Maria Aballe, mucho pudo influir en el decaimiento de la escuela de dibujo la ausencia del entusiasta fundador y principal sostenedor de la misma. Seu extinción debió tener lugar a principios del 1809 cuando la ciudad de Santiago fue invadida por las huestes napoleónicas.

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(1) Es, según creemos, la señalada con el número 19.

(2) Archivo Municipal, Libro de Consistorios de enero – julio de 1805; fol. 46.

(3) Archivo Municipal, Libro de Consistorios del 2º semestre de 1806; fol. 15-17 y 26.

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La exclaustración en Santiago

Presintiendo los religiosos de los institutos monásticos de Compostela, ante los sucesos desarrollados en varias poblaciones de España en 1835, la supresión de conventos y monasterios, que luego fue dictada por Real Decreto de once de octubre de dicho año, anticipáronse a satisfacer los deseos del Gobierno, exclaustrándose voluntariamente y abandonando sus conventuales residencias.

Con el fin de disponer lo más oportuno “especialmente en orden a la exclaustración de regulares que tanto reclama el público y la Milicia Nacional y evitar funestos resultados”, cual había ocurrido en otras provincias, acordó el Municipio compostelano en 28 de agosto de 1835, constituir una Junta de Gobierno formada por los miembros de del mismo, un número determinado de vecinos de la clase de mayores contribuyentes, “adictos a la Reina y a la prosperidad de la patria” y por las demás autoridades locales.

Una de las primeras disposiciones de dicha Junta, fue ordenar a los superiores de los conventos de San Martín, San Agustín, San Francisco, “que ningún religioso se exclaustre hasta que se le prevenga o voluntariamente lo solicite de la Junta que está determinada a sostener el orden y la seguridad individual” y que dichos superiores quedasen responsables de archivos, bibliotecas, alhajas, vestiduras, adornos sagrados, y todo lo que no fuese propiedad particular de cada uno.

Al siguiente día, una parte del pueblo y los milicianos urbanos, en pública manifestación pidieron a la Junta de Gobierno – constituida en sesión permanente – “que en el momento se exclaustren los monjes de San Martín”; y considerado aquella “que ya hace dos días se observan amagos relativos a esta objeto”, acordó, “que por las circunstancias generales de la nación, las particulares de Santiago, la tendencia de los regulares a dejar sus conventos, según la exportación de sus efectos, y a fin de salvar las personas de los frailes y evitar toda alteración, y funesto resultado, todos los religiosos de los conventos de San Martín, San Agustín, San Francisco, San Lorenzo y Santa María de Conjo, procuren, dentro del término de cuatro días, desalojar las casas religiosas , quedando en ellas los superiores y frailes de oficio, esto es, el mayordomo, granero y más encargados de los intereses; que unos y otros, a su mayor seguridad, no se presenten pública ni privadamente con los hábitos talares; que el que quiera salir fuera del pueblo, lo reclame con oficio de su prelado, señalando el punto de su nueva residencia; que dichos prelados quedan responsables de dar cuenta de alhajas y archivos y sigan recaudando las rentas hasta nueva orden; pues que su producto debe ser para subsidiarles”.

Al acordar la Junta (31 de agosto) se participe a S.M. “que cuando obró en orden a la exclaustración, fue impelido por las circunstancias”, dispuso “que los religiosos que carezcan de medios para trasladarse a la residencia que elijan, sean sostenidos por ahora de los fondos de su respectiva comunidad, con la debida cuenta y razón documentada que rendirán los prelados conventuales, que estos remitan lista de los religiosos que se hallan imposibilitados de emprender la marcha”.

He aquí como contestaron los superiores de los conventos a cuanto la Junta les comunicó:

“Satisfaremos en un todo – dijo el Abad de Benedictinos, de San Martín – los deseos de la Junta que con tanto esmero y sacrificio supo mantener el orden; y desde luego le tributamos mil gracias por el tino y prudencia con que ha sabido conducirse. –Los monjes de San Martín siempre cedieron y cederán gustosos al imperio de las cinrcunstancias y si con esto se logra el beneficio de la paz, también están logrados nuestros deseos y sentimientos; y aprovechandose de los filantrópicos de V.S. dispuse se diese a todos los monjes necesitados, algún socorro para vestirse y hacer su viaje…”.

El Prior de San Agustín y el Guardián de San Lorenzo, limitáronse a enviar listas de religiosos uimposibilitados de emprender viaje, por distintas causas.

La Comunidad de San Francisco que carecía de rentas y sustentábase merced a las limosnas de los fieles, dirigió a la Junta esta exposición:

“El Guardián y Director del convento de San Francisco a VVSS hacen presente; que excede de seiscientos veinte años que, por inspiración divina comunicada por nuestro Apóstol y Patrono Santiago en su Sagrada Basílica a nuestro Padre San Francisco de Asís, se fundó dicho convento, detallándose milagrosamente el radio que debía ocupar y ocupó en el discurso de tantos siglos, sin que en tan dilatado tiempo mereciesen los religiosos la menor desconfianza y desafecto público y antes bien el aprecio general… Ni en esta ciudad ni en otro pueblo dieron jamás los religiosos franciscanos, motivo para que se dudase de su virtud y conducta política y religiosa; más sin embargo V.V.S.S. que nada absolutamente poseen y solo viven de las limosnas de los fieles.

En este convento abundan los religiosos achacosos y ancianos…. Hay otros tan pobres que faltándoles el alimento y más subsidios que se les suministraban de comunidad, precisamente perecerán de miseria; otros que ya no tienen padres, parientes, deudos ni amigos a que puedan acogerse, y generalmente todos proceden de familias de labradores”.

Después de otras consideraciones, concluyen los solicitantes pidiendo a la Junta se sirviese reformar y templar de algún modo sus providencias hasta que S.M. dictase las que debieren ponerse en práctica respeto a la exclaustración de religiosos “para su seguridad personal, decente ornato y alimento”:

Fray Ramón Díaz Mones, Comendador de los Mercedarios de Conjo, contestó a las órdenes de la Junta en los siguientes términos:

“Toda la historia de los siglos precendentes no ofrece un ejemplo, aún entre las naciones más idólatras, agrestes e incivilizadas de los crímenes sacrílegos perpetrados en algunos puntos de nuestra católica patria, contra el Hacedor universal y muchos de sus levíticos hijos; por lo que, el infrascrito, por si y en nombre de esta venerable comunidad, no pude menos de tributar a la Junta las más sinceras gracias por la firmeza con que procedió en estos últimos días muy próximos al final, evitando con su sabiduría y humanidad los lances funestos que pudieran acarrear las circunstancias.

Efectivamente, es notoria, en medio de las convulsiones o amagos que indican VV.VV. la tendencia de los regulares y monacales a dejar nuestros conventos, unos por no considerarse suficiente víctima por un Dios que la exige tan pura; otros, por evitar los pecados de sus hermanos y otros por no hallarse conformes con la profesión que abrazaron.

Desgraciadamente me cabe en profundo sinsabor de habérseme exclaustrado en estos día, por si y por ante sí, antes que la Junta lo mandase, los Padres Fray Antonio Cid y Fray José Rodríguez, arrastrando en pos de si a los coristas Fr. Francisco Urteaga Fr. Gabriel Guisande, fijando sus domicilios en sitios poco satisfactorios. El primero, aunque no hubiera venido al Claustro, poco se perdía. Y supuesto que este tiene padres de juicio y nada escasos, como también los restantes, espera de la Junta el infrascrito, que les harán residir junto a ellos, a fin de que los celen y corrijan; en cuyos sitios podrán percibir lo que les corresponda de los bienes de su comunidad, como filantrópicamente lo promete la Junta; y con sobrada razón; en virtud de que las potestades seculares podrán quitar los conventos; pero la propiedad reducida a su término genuino o castizo, es y será siempre de los frailes. La potestad suprema, por su alto dominio, nunca puede abrogarse el toral particular. Tanta fuerza hace esta razón a ciertos escritorcillos ilusos y fanáticos, que juzgan ser necesario reducir a cenizas conventos y frailes para abrogar aquel dominio particular.

Por la gracia de Dios y del Apóstol Tutelar, la Junta vierte en su oficio doctrina muy contraria a tales duendes, cuya pena debería ser la de meter frailes a muchos periodistas. La Junta de Santiago remedió el mal que ha podido: los frailes en nuestros sacrificios le ayudaremos a completar lo que resta, porque el cielo sigue encapotado.

Entretanto, por cumplir con lo que se me manda, digo: Que la iglesia esta lo es parroquial de casi quinientos vecinos, cuyo cura párroco en propiedad lo es el infrascrito”.

Termina manifestando cuales eran los religiosos que ejercían cargos en el convento, así como los septuagenarios y achacosos.

De los veinte y ocho que componían la Comunidad de San Agustín, salieron diez y nueve para diferentes puntos en los primeros días de septiembre, quedando únicamente los que desempeñaban cargos principales y los ancianos enfermos.

El expresidente del monasterio de San Martín, Fray Pedro Aranda Bárcena, dijo a la Junta en cinco del citado mes: “… Le participo la noticia dolorosa a todo corazón sensible, que esta comunidad está ya disuelta, y que tan solo han quebrado los Padres Mayordomo, Granero, Minervero, Archivero, Bibliotecario, Boticario y el P. Abad con su socio. Además quedo yo en clase de indefinido, o más claro, hasta que no llegue el momento de haber obtenido de esa Junta, carta de seguridad para todos los hechos que pudieron haberme puesto en contacto con VV.SS., lo que espero alcanzar, ya porque deseo que mis operaciones sean tan claras que formen un diamante tan puro que no sea nadie capaz de empañarle” (1)

Consumada la obra de la exclaustración, subsiguiola la de incautación, mediante inventario, de bienes y efectos, Abierto ancho campo a las expoliaciones, destruyéronse los importantes archivos monasteriales y desaparecieron las riquezas artísticas que las comunidades poseían, Ni aún las campanas se respetaron.

………………

(1) Archivo Municipal. Libro rotulado Sucesos políticos 1821 a 1836; fol. 78 y ss.

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La Torre y el reloj del colegio de Fonseca

En una de las primitivas constituciones del famoso colegio, disponíase que se le dotase de un reloj, pero el rector y consiliarios no mostraron gran diligencia en el cumplimiento de ese mandato; pues si bien en claustro de primero de enero de 1589 tratose de ello, no volvió a hablarse del asunto hasta diez años después, acordándose en 11 de octubre de 1599, que los doctores Santo Tomé y Valencia “ordenen la escritura con el aparejador de la obra de San Martín (Benito González de Araujo) acerca de lo que ha de hacer para do se ha de poner el relox en el colegio mayor”, librándose a buena cuenta cincuenta ducados.

Comenzose a construir un torrejón, al mismo tiempo que se concertaba con Francisco González, cerrajero, vecino de Pontevedra, el chapitel o armazón de hierro para el reloj; pero cuando Araujo tenía bastante adelantada aquella obra, advirtiose que no ofrecía seguridad, y que no era el más adecuado el sitio en que el torrejón se levantaba. Mandose, pues, deshacer lo hecho y construir la torre en la parte del colegio señalada por Mateo López, maestro de obras, en la traza que hiciera para las de ampliación del edificio. Ya en octubre de 1600 estaba hecho el reloj por Pedro de Castro, y dispusose que “entretanto se hace la torre, y para que sirva y no se pierda y como adehollçin, se ponga en lo alto de la sacristía”.

No fueron aceptadas las posturas hechas por Gaspar de Arce y Benito González, para la obra de la torre, acordándose realizarla por jornal, por considerar que resultaría más económica que a destajo, toda vez pedían por cada braza, veinte ducados.

El día de la colocación de la primera piedra de la torre (10 de abril de 1601) encerrose en unacaja depositada en los cimientos un pergamino en que se leía lo siguiente: Reynando el invictísimo Rey don Phelipe tercero deste nombre Nuestro Señor en España y siendo don Juan de San Clemente Arzobispo de la Santa Iglesia de Santiago y su Arzobispado, y Rector de la Unievrsidaddestaciuda Luis Rodríguez de Castro, Casrdenal mayor della, que fue el año de mil y seiscientos y un años a los diez días del mes de abril, se empezó la obra de la torre del colegio nuevo para artistas que fundó e dotó el de buena memoria don Alonso de Fonseca, Arzobispo que fue de Santiago y después de Toledo. (1)

Poca actividad se hubo empleado en la primera piedra de la torre pues, al despacharse en 14 de junio de 1602, libranza de cuatrocientos ducados para esta obra, mandose “que el Cardenal Luis Rodríguez meta en ella más oficilaes y les de prisa para que acaben con brevedad”.

Aún no estaba terminada del todo en 1605, en cuyo año colocose el chapitel que había hecho en Pontevedra Francisco González, colocándose después las dos campanas fundidas por Lope Ballesteros.

Y mientras tanto, habían hurtado algunas piezas de la máquina del reloj y otras estaban poco menos que inutilizadas, por lo que fue preciso encomendar las necesarias reparaciones al relojero Pedro de Castro, quien en 17 de agosto de 1607, obligose a dar aquel compuesto y colocado en primero de octubre del mismo año; habiendo de abonársele por ello, doscientos reales.

En el año siguiente se hizo contrato con Pedro Freire, cerrajero (oficio al que ya de antiguo, iba asociado, por lo regular, el de relojero) “para que, a su costa, tuviese concertado el relox, de suerte que ha de dar todas las horas, un cuarto de hora más trasero que el rejoj de la iglesia Mayor; por cada falta en el dar de las horas o cuartos, ha de ser multado en un real”; y pagaríansele en cada año, diez y ocho ducados,

Había de pintar la esfera del reloj, otorgándose convenio (25 de noviembre de 1608) con los pintores Jácome de Perlada y Gregorio Vázquez, quienes, por la cantidad de 150 realse, comprometiéronse a dar su trabajo “muy lucido e laboreado al óleo” en el término de quince días. Detállanse en la escritura los colores que habían de llevar los puntos de las horas, el campo de la esfera y demás “y encima del punto de las doce, las armas del fundador, que es un escudo con campo amarillo e cinco estrellas”.

En el mismo año de 1608, Gaspar de Arce, aparejados de la obra de la Santa Iglesia, tomó a su cargo “echar de cantería las cuatro ventanas de la torre, y en el antepecho de cada ventana a de hacer cinco medios balaustres redondos, y ha de tener alto de antepecho tres pies e medio”. Estas ventanas son las mismas que hoy se ven, macizadas en parte e el cuerpo de la torre,

Por virtud de mandato del visitador ordinario del colegio, canónigo Borja, decretose en 20 de diciembre de 1610, que “ya que la torre del relox se cae y está muy arruinada, se tapen las ventanas de la dicha torre, y dejen quedar unas bufarras que den luz”. Pero la torre sigue en pie, a pesar de haber sido declarada ruinosa, como se ve, hace más de trescientos años.

Encomendose en 1609 el cuidado del reloj “para que lo tenga aderezado de todo lo necesario” a Pedro de Castro; sucediéndole en el cargo de relojero del Colegio, en 1611, su sobrino, Pedro López, y a este en 1613, Pedro del Canto.

Siendo visitador ordinario del colegio en 1645, el canónigo D. Antonio Pillado Luaces, “había allanado que el relox con su fábrica y gallardía, estaba decaído de los tres pedestales, y con el peso de su máquina, había cargado todo sobre el Norte, conque la torre y sus canales se habían abierto, y faltaban algunas piezas del dicho reloj, y si no se reparaba luego, con mediano viento se vendría a caer con los remates de la torre que traería consigo sobre la bóveda de la capilla, que también había hecho sentimiento. Y que por haber habido mucho tiempo que no se usó el relox ni cumplió con lo dispuesto en la onstitución 17 y por autos de cisita, mandó executar y cumplir con dicha constitución”.

A medio de público contrato, ante el escribano Jacinto Méndez (Secretario de la Universidad) en 17 de diciembre de 1645, comprometiose el relojero Jacinto García Calderón a realizar, por 2.500 reales las necesarias obras para poner corriente el reloj; presentando por fiadores, en garantía del cumplimiento del contrato, a Juan García cerrajero y Domingo de Meri, entallador. El propio García Calderón vino ejerciendo después el cargo de relojero del Colegio,  por espacio de varios años, con el salario en cada uno de ciento cincuenta reales.

Por haberse quebrado en 1656 la campana de los cuartos, encargóse la fundición de otra a Simón de Costa. Y en claustro de 4 de junio de 1670, se mandaron hacer dos lengüetas de hierro “para las dos campanas que sirvieren para tocar en las fiestas y actos fúnebres, por no tocar con los martillos y descomponer el reloj”, el cual fue objeto de nuevas reparaciones en 1647, en que era relojero del colegio Ignacio González.

Muchos años después, por Alonso Arrojo, hízose (1736) “para las funciones de grados”, una campana que pesó 35 arrobas y 16 libras, a razón cada libra, de cinco reales y 22 maravedíses”. (2)

Hasta mediados del siglo XIX, existieron en la torre del colegio de Fonseca las campanas y el chapatel o armazón de hierro (y aún acaso, restos del ya inutilizado reloj), trasladándose aquellas para el edificio de la Universidad, por consecuencia de acuerdo de la Junta de Decanos, de 21 de mayo de 1851, en el que se dispuso que habiendo un sobrante aproximado de once mil reales, de los fondos consignados para gastos de material, del año anterior, se inviertan en la construcción de un relox, pues en el estado en que actualmente se encuentra el establecimiento, era el objeto a que con más acierto, podrán dedicarse”.

El maestro de obras D. Ángel Casas corrió con las de construcción de la espadaña para este reloj, pagándosele en diciembre de 1856 el importe de las mismas.

Relojes que han tenido también – manejados por frailes entendidos en la materia – las torres de algunos conventos de Santiago. Pudo si, perseverar el reloj de la torre de la capilla del Gran Hospital, pero al cabo, “enmudeció” en absoluto, hace ya bastantes años; habiendo tenido, por lo menos, en sus últimos tiempos, una vida tan accidentada como el reloj del colegio de Fonseca.

…………..

(1) Alúdese al colegio de San Jerónimo que, aunque en la primera de las constituciones del de Fonseca, de 1588 se mandó construir “en las casas y huertas que están junto al Colegio mayor hacia la plaza del Hospital”, no se llevó a cabo la edificación, excepción hecha de la torre, hasta promediar el siglo XVII. Y si bien esta parte del edificio inaugurada en 1601 destinábase al colegio de San Jerónimo (para “artistas”, o gramáticos y filósofos”, la torre tomó del de Fonseca el nombre.

(2) V. en el Archivo de la Universidad los Libros de Claustros de los años referidos.

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